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Difusión de la responsabilidad: Si no eres tú, ¿quién?

Por Jennifer Delgado Suárez

En 1968 los psicólogos John Darley y Bibb Latané pusieron en marcha un experimento que reveló un fenómeno muy curioso: la difusión de la responsabilidad. Reclutaron a un grupo de estudiantes universitarios y los ubicaron en cubículos separados, pero podrían comunicarse a distancia.

Simplemente tenían que hablar por turnos sobre sus preocupaciones académicas. En cierto momento, uno de los jóvenes sufrió un problema aparentemente grave. En ese punto, los participantes debían decidir si quedarse sentados tranquilamente o correr a ayudar a la persona.

El estudio reveló que solo el 31% de las personas se levantó para ayudar al joven en apuros. En cambio, el 85% de las personas corrió a ayudarle cuando sabían que solo estaban ellos y que no había nadie más. Los investigadores apreciaron una regla: cuanto más aumente el número de posibles ayudantes en cualquier situación, más disminuyen las probabilidades de que se ofrezca ayuda, una tendencia vinculada al efecto Bystander.

¿Qué es la difusión de la responsabilidad?

La difusión de la responsabilidad es un fenómeno psicológico que se suele producir en grupos. La presencia de otras personas, o a veces el simple hecho de saber que existen o tienen cierta implicación, hace que un individuo se sienta menos responsable de la situación y, por ende, asuma una actitud pasiva, dejando que sean otros quienes asuman el control.

La difusión de la responsabilidad no se produce únicamente entre grupos de desconocidos, sino que también se aprecia en los entornos de trabajo, cuando cada empleado espera que sea el otro quien se encargue de las tareas más engorrosas. De hecho, un estudio desarrollado en la Universidad Clemson reveló que cuando un grupo de personas tiene que trabajar para lograr un objetivo en común, cada individuo como media se esfuerza menos que cuando trabaja solo.

La difusión de la responsabilidad también se produce en el entorno familiar, cuando cada persona espera que sea el otro quien asuma la responsabilidad de solucionar los problemas. Y se produce en las parejas, cuando ambos miembros se culpan mutuamente e intentan huir de sus responsabilidades en la relación depositándolas sobre el otro.

El camino más fácil no siempre es el mejor

Desde el punto de vista evolutivo, la difusión de la responsabilidad tiene sentido ya que nos ayuda a reducir los riesgos a los que nos exponemos. De hecho, todos solemos elegir automáticamente el camino de menor resistencia para ahorrar recursos psicológicos. Sin embargo, si todos tienen la tendencia a descargar la responsabilidad en los demás, ¿quién ayudará? ¿Quién tomará decisiones importantes? ¿Quién empujará el cambio necesario?

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Cuando la responsabilidad se difumina entre muchas personas, cada una de ellas será menos propensa a actuar. Es más probable que se dejen llevar por las circunstancias o que sigan a la masa, asumiendo una actitud pasiva y resignada. De hecho, el fenómeno de la difusión de la responsabilidad también se encuentra en la base de las grandes atrocidades que se han cometido en la historia de la humanidad, simplemente porque la inmensa mayoría de las personas esperaba que fueran otros quienes actuaran.

La difusión de la responsabilidad también puede conducirnos al inmovilismo. Si esperamos que los demás actúen, es probable que los problemas no se resuelvan y, en el peor de los casos, sigan creciendo. De esta forma nos condenamos a un bucle de insatisfacción en el que nos limitamos a lamentarnos porque las cosas van mal, esperando que sean los otros quienes las arreglen en nuestro lugar.

Asumir responsabilidades y cambiar las cosas

La presencia de otras personas reduce nuestra percepción de autoeficacia generando una mayor ambigüedad en la responsabilidad y una disminución de la sensación de control. En otras palabras, cuando hay más personas, creemos que debemos asumir menos responsabilidades y cedemos más control a los demás.

Solemos ser más felices dejando que sean otros quienes se encarguen de las situaciones complicadas en nuestro lugar. Es más fácil cruzarse de brazos y esperar que sean los demás quienes asuman los riesgos y las responsabilidades.

No obstante, para que las comunidades de cualquier tamaño evolucionen, es necesario que existan personas que se opongan a esa tendencia. Tanto las familias como las comunidades o las sociedades necesitan gente proactiva que esté dispuesta a tomar decisiones, dar un paso adelante y asumir responsabilidades.

Podemos vivir evitando los problemas, colocando el peso y la responsabilidad sobre los hombros ajenos, ignorando el principio de la interdependencia sin ser conscientes de que “nos salvamos juntos o nos hundimos separados”, como escribiera Juan Rulfo.

O podemos vivir asumiendo responsabilidades. Tomando decisiones. Yendo en contra de la corriente principal cuando creemos que se equivocan. Dando el primer paso. Cambiando lo que debe ser cambiado. Y para eso solo tenemos que preguntarnos: “si no soy yo, ¿quién lo hará?”.

Fuente: https://rinconpsicologia.com/difusion-de-responsabilidad-psicologia-social/?utm_source=feedburner&utm_mediuemail&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FkmEG+%28Rinc%C3%B3n+de+la+Psicolog%C3%ADa%29

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