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El fideicomiso un traje a la medida para la sucesión exitosa de la empresa familiar.

Por José Mario Rizo Rivas

“La única riqueza que conservarás para siempre es la riqueza que has regalado”. Marco Aurelio.

Es común que los negocios se encuentren en aprietos, ya sea como consecuencia de una mala administración, por factores propios del mercado, por la configuración de condiciones macroeconómicas existentes o por una combinación de las situaciones anteriores. 

En nuestra cultura, hablar de dinero sigue siendo tabú. Y cuando no se habla de dinero, resulta imposible aprender a administrarlo de manera saludable. La educación financiera, sin embargo, debería ser enseñada en las escuelas desde edades tempranas, pues el dinero es una bestia particular: si no aprendemos a domarla, ella nos controlará a nosotros. Hay una fábula china que habla justo de eso, de cómo un anciano sumamente rico urdió una estrategia para evitar que el dinero lo dominara, y va más o menos así:

Había una vez un hombre que vivía en la antigua china, que cuando era joven había sido sumamente pobre. Pero ahora, a sus setenta años, era uno de los hombres más ricos del mundo. Este hombre logró su riqueza a base de mucho esfuerzo: había trabajado toda su vida desde que era muy joven, y con constancia, tenacidad y algo de suerte logró amasar una fortuna como pocas se habían visto en la historia. Sin embargo, no fue de su interés trabajar toda su vida y, en su vejez, prefirió dedicarse a disfrutar de una vida tranquila, cómoda y feliz.Recibe nuestras noticias en tu correo

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Uno de los mayores placeres de este buen hombre era invitar a sus hijos, amigos y familiares a comer con él, y ¡vaya que la pasaban bien! Aquellas comidas eran más bien banquetes, y éstas se celebraban cada semana, sin falta. En ellas, uno podía beber los mejores vinos y probar los platillos más frescos y sabrosos. Y siempre, cuando llegaba la noche y el hombre despedía a sus invitados, lo hacía obsequiándoles costosos regalos: seda de la más fina, piedras preciosas, exóticos jarrones de porcelana.

Un día, sin embargo, su mejor amigo quiso hablar con él. Le preocupaba que estuviera despilfarrando todo su dinero y, encima, que estuviera malcriando a sus hijos. El anciano le dio un sorbo a su té, y respondió:

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“Desde que nacieron, mis hijos han recibido la mejor educación. Antes de que cada uno se fuera de mi casa a buscar su propio camino, les inculqué el valor del trabajo duro, les ayudé a formar su carácter. Les di todo lo que necesitan para salir adelante. Si yo les heredara toda mi riqueza ellos ya no se esforzarían por lograr sus objetivos; en lugar de eso se volverían comodinos y malgastarían el dinero. Seguiré disfrutando de mi dinero y a ellos les dejaré solo lo necesario para no arruinar sus vidas”.

Creo que la decisión de este anciano es muy respetable, pero creo que este señor tendría las cosas más fáciles si en su tiempo hubieran existido los fideicomisos de empresas familiares. Me explico:Dame un fideicomiso y aseguraré tu futuro

Todo proceso de sucesión de toda empresa familiar es multifacético: el fundador debe crear un plan para su retiro, debe asegurarse de crear un plan de carrera para el sucesor, deben quedar sentadas las bases del gobierno corporativo, y, entre otras cosas, está también el tema de las herencias. Para evitar conflictos familiares similares a los que preocupaban al anciano de la fábula, el proceso de repartición de bienes debe estar más que blindado, y ahí es donde entra la figura del fideicomiso.

Algunos empresarios le temen, pensando que puede resultar muy caro o que no tendrán el control absoluto de los bienes que le son depositados, pero la realidad es que estas suspicacias no tienen fundamento. De hecho, el fideicomiso resulta una herramienta mucho más efectiva que el testamento, principalmente por su flexibilidad. El fideicomiso debe acatar todas las instrucciones que el fundador le dicte, por lo que puede adaptarse a las circunstancias particulares de cada empresa familiar.¿Para qué me sirve un fideicomiso?

El fideicomiso es un contrato que el fundador (fideicomitente) puede celebrar con otra persona o entidad, como puede ser un banco, para que administre o invierta ciertos bienes (dinero, derechos, acciones, inmuebles, activos, etc.) en favor de uno o varios beneficiarios (fideicomisarios). El primer beneficiario del fideicomiso puede ser quien lo crea, en este caso el fundador, y después de él las personas que él disponga, por ejemplo, sus hijos o herederos. Además, a diferencia de lo que muchos creen, el fundador puede mantener el control sobre sus bienes al establecer un fideicomiso revocable (en un fideicomiso irrevocable, los términos que quedan fijados ya no pueden modificarse jamás).

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La diferencia más importante con un testamento recae en quien pasa a ser el propietario del patrimonio que planea heredarse. En un fideicomiso irrevocable, el fundador deja ser el dueño del patrimonio que ahí deposita: ahora quedan como propiedad del fideicomiso, no de una persona física, y el fundador ya no puede heredarlos a través de un testamento (pues solo es posible heredar los bienes que están a nombre del testador). Cabe señalar, sin embargo, que un fideicomiso revocable pasa a ser irrevocable tras la muerte del fideicomitente.

El fideicomiso está diseñado para que lo que está dispuesto en él se cumpla, incluso si alguna de las partes llega a fallecer. A diferencia de un testamento, se garantiza la confidencialidad y no es necesario pasar por un proceso judicial para llevar a cabo la entrega de los bienes. ¿El fideicomiso sustituye al testamento? No necesariamente, pues los bienes que no fueron depositados en el fideicomiso deben quedar contemplados en el testamento.

Quizá, si aquel anciano de la antigua China hubiera echado mano de un fideicomiso, habría tenido más tranquilidad, pues, ¿qué habría pasado si hubiera muerto repentinamente? ¿Cómo habrían reaccionado su familia y amigos, acostumbrados a los lujos que él les proporcionaba?

Como siempre, es recomendable buscar el apoyo de un especialista para articular un fideicomiso, pues es solo una parte de todos los mecanismos pertinentes al gobierno corporativo que deben establecerse para una transición generacional saludable. Quizá pueda ser un proceso más laborioso que el testamento, pero los beneficios, seguridad y la tranquilidad que provee lo merecen. Si cuidamos el principio, el final se cuidará solo.

Fuente: https://www.noroeste.com.mx/colaboraciones/el-fideicomiso-un-traje-a-la-medida-para-la-sucesion-exitosa-de-la-empresa-familiar-AX5154929

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