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Reinventarse

por Virginio Gallardo

La innovación empieza y acaba en las personas, será difícil que un directivo poco creativo y poco innovador lo sea con su organización. El freno de la innovación organizacional son sus directivos, los que deberían ser sus líderes y dirigirlas hacia nuevos caminos nuevos y desafiantes. Si el crecimiento empresarial y la supervivencia organizativa depende de la capacidad de sus directivos de reinventarse cada día. ¿tu te reinventas?

¿Están desfasados los Baby Boomers?

Ayer en la conferencia  “El motor de la innovación son las personas” uno de los ponentes se planteaba si los directivos baby boomers (aquellos que nacieron a principios de los 60 o antes), y especialmente los directores generales, estaban preparados para el cambio que se avecina y para liderar la innovación en sus empresas, si tenían las competencias que se requerían. Y una directiva del público nos pregunto a los ponentes de la mesa si no debería cambiarse la normativa laboral (puso por ejemplo los EUA) para facilitar el desarrollo personal y obligar a las personas al desarrollo constante ya que, a su juicio,  la excesiva protección laboral  era un verdadero freno para la innovación. Volviendo en el avión me preguntaba si realmente la necesidad de reinventarse es tan urgente.

Lo cierto, es que el cambio no se impulsa o fracasa por qué los directivos que deberían impulsarlo no cambian al ritmo que exigen los tiempos, a veces por que no quieren (no conviene, tienen miedo de las consecuencias), a veces por que no pueden. Efectivamente, las organizaciones no avanzan más rápidas por que los líderes (los que deberían impulsar el cambio no pueden), no pueden asumir el cambio que su entorno les exige, a veces, a gritos. Y por que las personas que las componen miran demasiado atrás.

Pero nuestro entorno no sabe nada de los directivos y empresarios y muchas empresas no son capaces de adaptarse y no sólo hablamos de las pequeñas. Si todos pensamos en pymes cuando hablamos de estos temas. Pero también a las grandes compañías están muy afectadas. Un tercio, de las empresas más poderosas del mundo, las Fortune 500 que estaban en 1970, ya no estaba en 1983 y en la actualidad de las 50 primeras sólo resisten 13.  El cambio es brutal para todos y no depende de tu tamaño.

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El entorno se mueve rápido, la crisis además ha ayudado a acelerar la tasa de cambio, y los líderes deben moverse rápido o son un obstáculo para sus empresas. Se convierten en una antítesis de lo que debe ser un líder, aquel que impulsa el cambio, al ritmo que le marca su entorno.

El cambio organizativo y la innovación a menudo son percibidos como un tema tecnológico, de sector o de I+D. No existen sectores tradicionales, existen directivos tradicionales, la tecnología y las TIC no se implantan al ritmo que se debería por que los empresarios y quienes deben tomar las decisiones de inversión de la empresa no establecen estas estrategias…¡Obvio! Pues hablemos de lo obvio.

¿Qué pasa con los directivos?

Quizás algunos directivos y empresarios nunca fueron líderes, nunca fueron impulsores de los cambios, pero hay la impresión generalizada que nuestra capacidad de adaptarnos a nuestro entorno es algo que evoluciona de forma negativa y que depende de tu generación.  Es decir, que muchos de los directivos y empresarios que ahora son obstáculos  para sus empresas no lo fueron en el pasado, pudieron ser verdaderos emprendedores o intraemprendedores. Lo que tristemente les sucedió fue que el rápido entorno los supero, se quedaron escuchando la voz dulce del pasado. Y esto seguirá pasando, nada hace sospechar que nada vaya a cambiar, lo que podemos esperar es que el viento del cambio acelere su fuerza y muchos de nosotros no podamos seguir el ritmo.

Quizás no nos quede otro remedio que esperar a que nos pase lo mismo. Nos pasamos un tercio de nuestra vida aprendiendo y desarrollándonos, otro tercio trabajando (y aparentemente desajustándonos de nuestro entorno) hasta que alguien detecta que nos hemos quedado fuera y pasemos el tercio de nuestra vida fuera de un entorno laboral demasiado duro para admitir a los que se quedaron atrás.

Quizás la única desoladora solución sea substituir los directivos actuales por nuevos directivos de otras generaciones, con capacidad e iniciativas para liderar los nuevos cambios, quizás con menos experiencia, pero que no sean barreras al cambio. Lo cierto, es que esta es una solución antigua y moderna, que las empresas utilizan a menudo. Aunque prefiramos no saberlo, ocultarlo o ignorarlo  lo cierto es que todos sabemos que a partir de una edad quedarse fuera del circuito laboral es cada vez más frecuente y no sabe de posiciones ni de salarios, les pasa a los altos directivos de las grandes corporaciones y los empleados menos cualificados.

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Quizás sólo nos cabe esperar el fatal destino de ver cómo nos incapacitamos por qué no sabemos evolucionar al ritmo de nuestro entorno. Quizás nos podemos autoengañar y pensar que a nosotros no nos pasará, por que nosotros somos nosotros, y eso que les pasa a los demás no nos pasará, quizás seamos diferentes.

La capacidad de reinventarse, una cuestión de inversión

Cómo sabéis hace tiempo estoy explorando esta capacidad para evitar la obsolescencia directiva, que es la que en buena parte está detrás de la baja capacidad innovadora de nuestras empresas, e incluso estoy tomando notas de forma sistemática que si hay algún editor que se atreva, me gustaría que acabaran en un libro.

La verdad es que mis primeras conclusiones no dejan de ser aspectos obvios pero que a menudo nos gusta olvidar. Tu capacidad de reinvención es algo que pertenece a la forma de enfrontar tu vida, no sólo tu vida laboral. Depende de tu capacidad de crecimiento profesional y personal constante, depende de romper la regla de los dos tercios vitales, y no sólo dedicar una tercera parte de tu vida, la primera a crecer, si no conseguir que esto sea constante siempre. Es un proceso que básicamente está relacionado con el aprendizaje cómo motor del cambio personal. Es básicamente, una cuestión de inversión.

Si sientes que has dejado de invertir en ti, que no creces al ritmo que lo hacías cuando tenías 20 o o 30 años, siento comunicarte que mi impresión es que en el momento que has parado tu crecimiento ya has comenzado a peder tu capacidad de reinventarte.

Reinventarse exige crecimiento continuo, que nos ponernos continuamente en una zona de descomfort (que por cierto es lo que intentamos continuamente evitar) hacer cada día pequeñas cosas que mejoren nuestras capacidades. Y establecer esto como una prioridad vital.  Para ello hay muchas cosas que puedes hacer, señalaré una, quizás una de las más importantes.

¿Creces en tu puesto de trabajo? ¿Haces cosas cada día nuevas diferentes a las de ayer? Esta es una de las primeras preguntas a las que debes contestar. No te propongo una ruptura loca con tu entorno laboral, la mayoría de las veces sólo implica replantearse tu trabajo de otra forma, nuestro entorno de trabajo puede ser un entorno muchos más desafiante de lo que imaginamos y el verdadero desafío muchas veces es hacer las cosas mejor. Pero otras quizás la respuesta es que debas abandonarlo, pero de una forma calculada y asumiendo pocos riesgos.

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La búsqueda de la seguridad y la rutina es probablemente nuestro mayor enemigo. Y aunque todos necesitamos una cierta seguridad para poder dormir por las noches, esta nos destruye. Invertir en ti mismo no es gratis, es muy  caro, por eso no lo hacemos. Por eso hablo de inversión, hay que pagar a veces mucho para poder crecer, cómo hiciste cuándo fuiste a la universidad. Exige tomar riesgos y plantearte tu vida de forma que puedas asumir esos riesgos, sin que el miedo al error acabe contigo.

Dicen los gerentólogos que las personas que están en el último tercio de su vida se lamentan de los riesgos que no asumieron, de los temores que no vencieron, de las cosas que no intentaron, de no haberse hecho más responsables de crear la vida que ellos querían, una vida, que en está última etapa, se percibe cómo muy corta . Quién sabe quizás si podamos aprender de nuestros mayores.

Fuente https://supervivenciadirectiva.com/2009/10/01/reinventarse/

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