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Los héroes no son diferentes a ti

Por Francisco Alcaide Hernandez 

Una de las creencias (siempre creencias) más extendidas entre la población, es pensar que aquellas personas que consiguen resultados, digamos excepcionales o extraordinarios, son ‘mejores’, especiales o que tienen talentos innatos superiores a los del resto.

Te diré que no es así. El problema nunca es nuestra incapacidad sino la creencia de que no somos capaces. No es una cuestión de poder, sino de creer que se puede.

En el Volumen 2 de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 2018) se recogen las palabras de Tim Ferriss, quien dice: «Si eres inseguro, ¿sabes qué? El resto del mundo también. No sobrevalores a la competencia y te minusvalores a ti».

Todos tenemos dudas, miedos e inseguridades, aunque no lo creas. Incluso las personalidades más arrolladoras y ‘aparentemente’ seguras que te imaginas también, porque biológicamente estamos programados para la supervivencia y no para el reto. Por tanto, lo seguro y cómodo prevalece casi siempre frente a la incertidumbre y el desafío.

Te pondré un ejemplo que tal vez no sepas y que cuenta Adam Grant, Profesor de Wharton, en su libro Originales: Cómo los inconformistas mueven el mundo. El conocido artista Miguel Ángel, que pintó la Capilla Sixtina en Roma o El David en Florencia, tampoco era un portento de seguridad y hoy día es recordado, admirado y reconocido por la grandeza de sus obras.

Según Grant, cuando el Papa le pidió a Miguel Ángel que pintara la Capilla Sixtina en 1506, éste se sintió tan abrumado por sus inseguridades que huyó a Florencia y se escondió allí porque no se sentía capaz de llevar a cabo aquel encargo. El Papa tuvo que ‘perseguir’ literalmente al artista e insistirle una y otra vez para que aceptara el trabajo hasta que finalmente lo consiguió. La insistencia de una figura de autoridad como el Papa, le convenció sobre sus posibilidades acerca de aquel desafío.

Otro ejemplo más: Steve Wezniak, cofundador de Apple con Steve Jobs. Cuando en 1977 un inversor les ofreció a ambos financiar el lanzamiento de la compañía, Wozniak tuvo tanto miedo e inseguridad que quiso ‘esperar un tiempo’ antes de dejar su trabajo. No se sentía preparado ni en condiciones para abordar aquel descomunal proyecto. Necesitó del empujón de Jobs, varios amigos y sus propios padres para que aceptará el desafío.

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¿Cuál es la diferencia entre los Héroes y el resto de los mortales? Una palabra: VALENTÍA.

1. VALENTÍA para empezar: se pusieron en marcha.

Dieron el primer paso. No existe el momento adecuado para mejorar tu vida. En el momento que te muevas, descubrirás tu fuerza. La acción amansa los miedos, porque ningún miedo es tan grande como en nuestra cabeza. Por el contrario, la inacción los hace más grande, al ver que no nos atrevimos. El miedo se alimenta de miedo; la confianza se alimenta de acción.

2. VALENTÍA para perseverar: no desistieron.

Debes tener en cuenta que ninguna biografía de éxito es una línea recta. El camino siempre está plagado de obstáculos (dudas, miedos, inseguridades, bajones, deslealtades, injusticias, envidias…) y siempre existen tentaciones para abandonar. De hecho, es lo que la mayoría hace. La tentación para irse al refugio suele tener más peso que el deseo de seguir luchando.

En última instancia, en esta vida todo se resume en una palabra: VALENTÍA. No hay más. Como nos recuerda Amelia Earhart, aviadora estadounidense célebre por sus marcas de vuelo:

«Lo más difícil es la decisión de actuar. El resto no es más que tenacidad». 

No olvides que todo se aprende por el camino:

Entre tu estado ‘actual’ y tu estado ‘deseado’ sólo existe una palabra: Aprendizaje.

De ello hablamos precisamente en el post Tus ganas de aprender determinarán tu futuro.

Todos los personalidades de referencia que te vienen a la cabeza (Nelson Mandela, Winston Churchill, Rosa Parks, Martin Luther King…) tuvieron su ‘momento de valentía’ (dar el paso, empujón o como lo queramos llamar) que les cambió la vida.

En la mayoría de los casos su valentía fue forzada por las circunstancias o por alguien que les empujó. Eso es todo lo que necesitamos: un empujón. La valentía no tiene por qué venir de ti, a veces la descubrimos gracias a otros que nos empujan.

Eso es la valentía: ponerse en marcha (al inicio) y seguir luchando (después). No es casual que Zig Ziglar, al que citamos en Tu futuro es HOY (Alienta, 4ª edición) dijese: «Mucha gente ha llegado más lejos de lo que pensaba que podía llegar porque alguien más pensó que podía hacerlo».

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La grandeza está dentro de todos nosotros, sólo hay que activarla. Repito: de todos, absolutamente de todos los seres humanos. Y a veces (muchas) lo único que necesitamos es ‘un empujón’. Por eso es bueno estar cerca de gente inspiradora, que nos reta y desafía, que nos lleva al límite pero que está cerca de nosotros y nos acompaña ’emocionalmente’ por el camino. Las relaciones no son sólo una fuente de recursos ‘cognitivos’ sino también ’emocionales’.

En mi Cuenta de Instagram dejaba hace unos días la siguiente reflexión:

«Un pequeño paso te saca de donde estás, y cada paso que das te acerca un poco a tus objetivos, y siempre por delante de quienes no comenzaron. Busca siempre ‘apoyos emocionales’, gente que te eleve y no te arrastre.

Nos sentimos más seguros y confiamos más en nosotros mismos cuando alguien nos alienta y vamos acompañados. Con otros (que merezcan la pena, inspiradores), todo es más fácil. La confianza (en uno mismo) también se construye en plural».

Para acabar, cierro con unas reflexiones Tim Ferriss, al que citábamos anteriormente y que se hizo mundialmente famoso con La Semana Laboral de 4 Horas, en su reciente libro Armas de Titanes escribe:

«Los superhéroes que tienes en mente (ídolos, iconos, titanes, multimillonarios, etc) son casi todos defectos andantes que han explotado al máximo una o dos capacidades. Los seres humanos son criaturas imperfectas. Triunfas porque localizas tus capacidades únicas y te concentras en desarrollar rutinas en torno a ellas.

Todo el mundo libra una batalla que tú desconoces por completo. Todo el mundo lucha. Los héroes no son distintos. Consuélate con ello».

Sólo necesitas descubrir tus puntos fuertes, ponerte en marcha y no desistir jamás. La conclusión es clara: no te puede ir mal.

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