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15 señales de que estás en el camino equivocado.

por Maite Gomez

Se muy bien lo que es estar en otro camino que no es el tuyo, y seguro que a tí te ha pasado en algún momento de tu vida, o quizá te está pasando ahora mismo.  Cuando nos encontramos inmersos en nuestro día a día, vamos acelerados, con prisas, actuamos por inercia y no nos paramos a pensar si estamos donde queremos estar.

Y así van pasando los años y dejamos la vida correr, sin darnos cuenta que hay otro camino, que podemos elegir y que está en nuestra mano vivir al máximo nuestra vida. Vivir según nuestras reglas, cómo, dónde y con quién queramos vivir.

Mientras vivimos en el gris, en la inconsciencia, en piloto automático, no somos capaces de escucharnos, de detectar los síntomas que nos dicen a gritos que por ahí no vamos bien, que tenemos que pararnos, levantar la cabeza y preguntarnos si estamos siguiendo el camino correcto. El camino que nos dice nuestra brújula interior, nuestro corazón.

Echando la vista atrás, reconozco muchos de estos síntomas en mi vida, cuando sentía que había algo que no encajaba, pero ni me planteaba la posibilidad de que hubiera otro camino, de que pudiera elegir.

A ver si te suena alguno.

#1 Te cuesta muchísimo levantarte por las mañanas.

Y no estoy hablando de la pereza que a todos nos da madrugar y ponernos en marcha, sino de algo más fuerte, más profundo. Te invade una angustia, un malestar, un desasosiego, en fin una mala leche del carajo. Desearías quedarte en la cama todo el día, sin pensar en nada, simplemente esperando que pase otro día, y otro, hasta el fin de semana y luego las vacaciones.

Probablemente, además, no has descansado bien porque te dormiste tarde dándole vueltas y vueltas a la cabeza, pensando en ese problema que no acabas de resolver, lamentando tu situación, compadeciéndote de tí mismo y deseando ser otra persona, en otro lugar, en otra vida.

O porque te acostaste tarde intentando apurar la máximo tu ratito de “libertad” en el sofá frente al televisor, para olvidar que mañana tienes que madrugar para ir a trabajar en algo que no te gusta.

O estuviste de cañas con los amigos y te dejaste llevar por la alegría del momento, tu momento, sin jefes, padres o pareja que te digan lo que tienes que hacer o coarten tu libertad.

Si te sientes así muy probablemente hay algo en tu vida que no está como debería estar, el trabajo, tu relación de pareja, tu amor propio, etc.

Es hora de que te pares a reflexionar sobre ello y actúes en consecuencia.

#2 Los domingos por la tarde son una lenta agonía.

Durante muchos años los domingos para mí eran una tortura. Era como estar en el corredor de la muerte, esperando que llegara la condena del lunes por la mañana.

Y es que me dedicaba a algo que no me gustaba y que durante mucho tiempo incluso me frustraba. Una frustración diaria que hacía que los viernes por la tarde no quisiera más que desconectar y olvidar la semana.

Y como suele pasar cuando tenemos miedo a un acontecimiento importante -una entrevista de trabajo, un examen o una operación- sufrimos más pensando en ello que viviéndolo. Por eso los domingos por la tarde son una tortura para quienes se dedican a algo lo que no les gusta e incluso detestan.

No estás en el camino adecuado si cada fin de semana te sientes como un preso en libertad condicional disfrutando de un permiso.

#3 Sólo te sientes bien en tus ratos de ocio.

Si eres de las que sufre el domingo por la tarde probablemente seas de las que solo se sienten a gusto consigo mismos y con la vida fuera del horario laboral.

Yo misma me sentía y actuaba de forma muy diferente cuando estaba en el trabajo a cuando no lo estaba. Sentirse o actuar diferente no es malo si no se trata de algo extremo, o si no implica reprimir tu verdadera personalidad.

El problema viene cuando en tu trabajo o dedicación profesional vives en contradicción con tus ideales, valores o personalidad, ya que esto significa que sufres durante una tercera parte del día, y por tanto de tu vida.

#4 Consumes de forma compulsiva.

Detrás de los comportamientos compulsivos suele haber varias causas, y una de ellas es la ansiedad. En mi caso, el dedicar más de un tercio de mi día a algo que no me gustaba me generaba muchísima ansiedad e inconscientemente trataba de calmarla consumiendo de forma compulsiva casi todo lo consumible (comprar, comer, beber, fumar, etc.)

TE SUELES IR DE COMPRAS SIN NECESITARLO.

Sientes un impulso irrefrenable de ir de compras, aunque no lo necesites. Comprarte unos vaqueros nuevos o unos zapatos es como un chute de felicidad inmediata, obtienes una satisfacción inexplicable que no encuentras en el resto del día.

Pero esa sensación de bienestar dura poco, y después no solo vuelves a sentirte desgraciada, sino que encima ahora te sientes culpable porque te has gastado un dinero extra que no te podías permitir. Y lo peor de todo es que probablemente esos pantalones acaben en la parte de atrás del armario porque ni siquiera te gustaban del todo.

Resultado:

  • eres más pobre
  • tienes un pantalón que no te gusta, ocupando el poco espacio que tienes en el armario
  • te sientes culpable por ello.

BEBES Y FUMAS COMO SI NO HUBIERA MAÑANA.

Acumulas tanta rabia contenida, tanta insatisfacción durante la semana que cuando llega el fin de semana o el mítico jueves de cañas, bebes y fumas a tutiplén.

Llevas toda la semana trabajando, puteada, y te mereces este momento de relax, de disfrute y esparcimiento. ¿Hay algo mejor que unas cañitas con su tapa y una buena conversación con los amigos?

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El problema es que tú no te tomas 3 o 4 cañas, tú te bebes el bar. Tienes tal nivel de ansiedad que te las bebes como agua en el desierto, y así van cayendo una y otra y otra y otra…. Y entonces cobra vida la expresión “ahogar las penas”. Pero tú no sólo las ahogas, también te las fumas.

Porque con el tabaco ocurre lo mismo, parece que por la noche los cigarros son más cortos, y te fumas la vida sin darte cuenta.

TE PEGAS ATRACONES DE COMIDA.

Con la comida ocurre lo mismo. Te comes tu frustración.

Sabes que deberías comer sano y sabes qué comidas te sientan bien y cuáles no, pero da igual, te lanzas a por los donuts fondant,  o a por la hamburguesota prefabricada del domingo. Y es que tu inconsciente se auto convence de que te lo has ganado y te lo puedes permitir. Después de estar todo el día haciendo algo que no te gusta hacer, que no quieres hacer, tu cerebro te dice que te mereces una recompensa, tienes “licencia para pecar”.

Pero es una trampa, porque después de meterte un chute de colesterol, grasas saturadas, azúcares, conservantes y demás te sientes mal y culpable.

Así que la próxima vez que te des un atracón párate y pregúntate qué es lo que te ha llevado a esa necesidad de consumo compulsivo, seguro que si rascas hay alguna frustración detrás que has de resolver.

#5 Estas a flor de piel, todo te altera.

Cuando me encontraba sometida a estrés en el trabajo -lo cual era bastante a menudo- me volvía muy irascible, cualquier pequeño contratiempo o contradicción me irritaba, y cuando no conseguía controlarlo entraba en una espiral de negatividad que me llevaba al colapso.

Lo mismo me ocurría cuando reprimía mis emociones o actuaba en contra de mis valores. También algo frecuente en el mundo de la abogacía, ya que a veces tienes que defender lo indefendible y más aún si tú no eliges a tus clientes, como era mi caso.

En definitiva, cuando te sientes extremadamente irascible, irritable o perturbable es que no estás siendo tú mismo. Estamos actuando desde el ego y no desde nuestra esencia, y eso nos aleja de nuestro camino.

#6 No te ilusionan las pequeñas cosas. Pierdes tu capacidad de disfrute.

Algo muy común cuando llegamos a la edad adulta es que dejamos de sorprendernos por las cosas, buscamos estabilidad, seguridad y tranquilidad, somos  previsibles y solemos reprimir nuestras emociones.

Estamos tan absorbidos por  las obligaciones del día a día que nos olvidamos de apreciar las pequeñas cosas. Los rayos del sol en la cara, la sonrisa de un desconocido, tu canción favorita en la radio o un beso de buenas noches.

Ya no nos ilusionan esas pequeñas cosas cotidianas, y vivimos siempre en el futuro,  pensando en las próximas vacaciones o en la escapada del fin de semana y soñando que nos toque la lotería porque entonces sí seríamos felices.

Este modelo mental es una señal inequívoca de que estás viviendo en piloto automático, y muy probablemente, no estás a gusto con la vida que llevas.

Cuando nos sentimos plenos y somos dueños de nuestra vida y las decisiones que tomamos en ella vivimos relajados, nuestros sentidos se agudizan y recuperamos la ilusión y la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

#7 Piensas que tú no puedes triunfar. Te sientes inútil.

No te sientes capaz de conseguir lo que quieres, o al menos intentarlo, porque total ¿para qué? si vas a fracasar.

Sientes que el éxito es para otros, que a tí te ha tocado ser mediocre y no puedes hacer nada para cambiarlo. Te sientes pequeña e incapaz de perseguir tus sueños. Te sientes una olvidada de la suerte, víctima del destino, y te conformas con seguir adelante de la mejor forma posible, intentando encajar en lo que se supone que es tu sitio en esta vida.

Yo ni siquiera me atrevía a soñar como cuando era pequeña, me refugiaba en mi papel de víctima y culpaba a los demás, al destino o esta “maldita vida” en general, de mi propia insatisfacción, de mi incapacidad para cambiar las cosas, de mi inutilidad.

Cuando descubrí que yo podía ser lo que yo quisiera mi vida tomó otro rumbo.

Cambié el sentido de la acción y en lugar de quejarme y culpar a los demás tomé las riendas, me hice responsable de mi propia vida y empecé a trabajar desde dentro el mundo que quería para mí afuera.

#8 Exiges mucho a los demás.

Si exiges mucho a los demás es que también te exiges mucho a tí misma. No te conformas nunca con el resultado, siempre quieres más, más rápido, mejor. Tiendes al perfeccionismo y exiges lo mismo a los demás.

Por eso sueles caer en la decepción y la frustración cuando los demás no hacen las cosas como tú esperas que lo hagan ni se comportan como tú quieres que se comporten.

Y por eso te pasas la vida intentando hacer que tus padres, tus amigos, tu pareja cambien y sean como tú esperas que sean. Porque piensas que son ellos los que están equivocados y por mucho que tú te esfuerzas en que ven la luz y se comporten como dios manda insisten en ser mediocres y en no hacerte feliz.

No te das cuenta que quien debería cambiar eres tú. Si tienes la sensación de que todo el mundo está equivocado menos tú es muy probable que seas tú quien está equivocada.

Quizá deberías dejar de exigir a los demás que se amolden a tus expectativas y adoptar una actitud menos egocéntrica y más comprensiva.

Quizá deberías dejar de exigirte tanto a tí misma y ser más auto comprensiva, quererte más y aceptar que puedes no ser perfecta.

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#9 Te auto saboteas para justificar no tomar acción.

Cuántas veces has sentido que deberías cambiar algo en tu vida, en el trabajo, en tu relación, en tu alimentación, etc., has investigado, sabes cómo hacerlo y tienes todas las respuestas pero te pones una y mil excusas para no llevarlo a cabo.

Inconscientemente te aterra hacer lo que sabes que tienes que hacer y no obtener el resultado deseado. Te da pánico fracasar.

Por eso nuestro subconsciente pone en marcha mecanismos que hacen que cada vez que intentamos algo abandonemos antes de empezar, echando la culpa a factores externos a nosotros o intentando convencernos de que no podemos hacerlo, y así no tendremos que enfrentarnos a un eventual fracaso.

Nos decimos cosas como “yo no puedo adelgazar, es mi constitución” o “como siempre fuera de casa y viajo mucho, así que no puedo llevar la alimentación sana que me gustaría” o “soy nerviosa por naturaleza, no puedo dar esa conferencia”.

Nos saboteamos a nosotras mismas para evitar enfrentarnos a un posible fracaso. Y así nunca hacemos nada, nos quedamos en nuestro rinconcito seguro, es nuestra zona gris, en plan “virgencita que me quede como estoy”. Piensas «no es muy emocionante pero al menos no hay riesgos».

¿Estás segura de que es así como quieres que sea tu vida?

#10 Vives de manera reactiva en lugar de forma proactiva.

Cuando nos encontramos en un camino que no es el nuestro no somos dueños de nuestras decisiones, ni por tanto de nuestras acciones.

Nos dejamos llevar por lo que creemos que está bien en cada momento según nuestras creencias adquiridas y lo que nuestros padres, nuestra sociedad y nuestra cultura nos dice que está bien.

Si vives de una forma reactiva, respondes con una acción de oposición a los problemas o dificultades, es decir, reaccionas de forma negativa, derrochando energía de forma innecesaria.

Una persona reactiva se convierte en una persona pasiva, presa de sus emociones, que solo actúa como respuesta a estímulos o acciones ajenas. No tiene el control de su vida, vive a la deriva y por tanto deposita en los demás la llave de su felicidad.

Por el contrario, una persona proactiva es la que provoca cambios en su vida, toma las riendas de su vida y pasa a la acción. Sabe identificar los problemas antes de que aparezcan y toma acciones anticipadas.

Y tú ¿con cuál de estas actitudes te identificas?

#11 La envidia te corroe.

Cuando vives desde una mentalidad de escasez, cuando piensas que no tienes suficiente dinero, o no eres lo suficientemente guapa, o no estás lo suficientemente preparada te colocas en a tí misma en una situación de inferioidad frente a los demás.

Sientes que lo tuyo es lo peor y no valoras lo que tienes porque siempre hay alguien que tiene más que tú.

Esa mentalidad de escasez es territorio abonado para la envidia, y envidia de la mala. Te corroe por dentro y hace que te sientas desgraciada.

Piensas que la vida es injusta porque tu vecina tiene éxito en su trabajo, es feliz con su pareja y tiene unas piernas perfectas, y sin embargo tú odias tu trabajo, no disfrutas de tu relación con tu pareja y no gusta nada de tí.

Sin embargo, no haces nada para intentar mejorar tu matrimonio ni para buscar otro trabajo ni para mejorar algo que no te gusta de tí. Nuevamente adoptas la posición de víctima, te quejas de todo lo que no tienes pero no haces nada para conseguirlo.

Cuanto más fuerte es la envidia más desgraciada te sientes y menos dispuesta estás a intentar mejorar tu vida. Y además, la energía negativa que creas atraerá más escasez a tu vida.

Deja de envidiar a los demás y empieza a mirarte con otros ojos, valora todo lo bueno que tienes en tu vida, empezando por tí misma y por tus virtudes, que seguro que son muchas.

#12 Te dejas llevar por la pereza, el placer inmediato y la desidia.

Está claro. Si no tienes un objetivo que cumplir y que todos tus actos estén encaminados a conseguir irás dando bandazos y buscarás siempre la satisfacción inmediata. Pensarás y actuarás solo a corto plazo, lo que a larga solo te traerá frustración y alimentará tu desidia.

Esto sucede cuando tú no tienes las riendas de tu vida, te dejas llevar y te ves incapaz de tomar acción y perseguir lo que quieres, ya sea porque ni siquiera te has parado a averiguar qué es lo que realmente quieres o porque tus miedos y bloqueos no te permiten creer en tí.

Las personas que tiene claro lo que quieren y tienen objetivos a medio o largo plazo, toman sus decisiones en base a éstos y no por la satisfacción o recompensa inmediatos. Como decía un sabio abuelo gallego: «la mirada larga y los pasos cortos». Estas personas, además, normalmente suelen tener más fuerza de voluntad porque están comprometidas con su proyecto.

Un claro y típico ejemplo es el de esa amiga (que todas llevamos dentro) que quiere estar en forma pero en lugar de cuidar su alimentación y hacer ejercicio se atiborra a comida rápida, y se pasa el día espanzurrada en el sofá.

Así que si normalmente te invade la pereza y no realizas acciones encaminadas a un objetivo concreto y a medio o largo plazo  probablemente deberías replantearte hacia donde va tu vida y si es esa la dirección que quieres tomar.

#13 Sueles estar melancólica y te aferras a momentos felices pasados.

Es un claro signo de que asocias la felicidad con un lugar, una persona o una situación concreta (vacaciones, fiestas, etc.). Y si haces depender tu felicidad de cosas o situaciones externas a tí mal vamos.

Aun recuerdo la sensación de estar a merced de lo que la vida me ofreciese, sin ser partícipe en ello. En el día a día me sentía infeliz, viviendo una vida que no me llenaba, sin pena ni gloria .Recordando el último verano o  la última escapada  y aferrándome a esos buenos recuerdos y sensaciones para huir de la realidad.

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Además, cuando recordamos momentos felices pasados nuestra mente tiende a alterar la realidad, por lo que solemos pensar que son mejor de lo que en realidad fueron. Ya sabes, cualquier tiempo pasado nos parece mejor.

Y claro, cuando vives en el pasado no vives en el presente. Y si no vives en el presente no puedes avanzar, ni tomar las decisiones adecuadas. Entras en un estado de letargo, anhelando algo que nunca volverá y así vas malgastando tu tiempo sin hacer nada real para sentirte bien, para estar feliz.

Deja de mirar atrás de forma obsesiva y asume que esos momentos nunca volverán. Pero en tu mano está hacer que surjan otros incluso mejores. Vive aquí y ahora.

#14 Dices que no a todo.

Cuando no vives en sintonía con tu esencia, con tus valores y con tus sueños te refugias en tu zona de confort y cualquier invitación a salir de ella te aterra.

Desde tu cueva todo se ve arriesgado y muy probablemente capaz de hacerte sufrir, así que te refugias en lo malo conocido y rechazas cualquier invitación a salir de allí.

Dices que no a quedar con gente desconocida. Dices que no a aprender algo nuevo. Dices que no a mudarte al extranjero. Dices que no a asumir nuevas responsabilidades en el trabajo.

El problema es que si te repites una y otra vez que no puedes hacerlo, o que es arriesgado, tu cerebro acabará creyéndolo y acabarás siendo incapaz de lograr nuevas metas. Además, te estarás perdiendo experiencias increíbles y no evolucionarás.

Si en este momento estás diciendo que no a algo pregúntate qué  hay detrás de esa decisión. Si en realidad es que tienes miedo o tienes algún pensamiento automático tipo «es que yo no puedo» replantéate tu situación. Es hora de cambiar tus viejas creencias limitantes, reconectar con tu corazón y sacar todo tu potencial.

#15. Sigues intentado lo mismo una y otra vez a pesar de que obtienes los mismos resultados insatisfactorios.

Cuántas veces queremos conseguir o solucionar algo pero no lo conseguimos. Lo intentamos una y otra vez y seguimos sin resultados.

Ya sea porque las circunstancias han cambiado, y lo que antes resultaba ahora ya no funciona, o porque simplemente lo que hacemos no es la forma adecuada de conseguirlo, el problema es que ante estos fracasos caemos en juicios negativos.  Decimos cosas como «es que no sirvo para nada», «es que soy una inútil» o «qué mala suerte tengo».

El resultado: nuestra autoestima disminuye y eso nos hace ser menos eficaces.

Como dijo Albert Einstein «si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». El problema es que nos hemos acostumbrado a actuar así y nos cuesta cambiar, así que preferimos echar la culpa de nuestro fracaso a los demás, al destino o a la mala suerte y quitarnos responsabilidades.

Si no obtienes los resultados que quieres y sigues sin cambiar la forma en que estás actuando tampoco vas por buen camino.

Hasta aquí una muestra de algunas de las señales que te advierten que puede que no vayas por el camino adecuado si quieres vivir una vida plena, libre y con sentido. Estas son solo algunas de las situaciones que yo misma he vivido y por eso te hablo de ellas, pero seguro que hay más.

Si te ves reflejado en alguna de ellas probablemente debas replantearte si estás en el camino correcto.

Y si aún así todavía no lo ves claro, te recomiendo que te preguntes lo que yo me pregunto cada mañana nada más despertar:

¿Estoy donde realmente quiero estar?

Si la respuesta es sí ¡enhorabuena! sigue así y disfruta de tu camino.

Si la respuesta es no, es que hay algo que no funciona en tu vida y que te aparta de tu vida ideal.

Para detectar el problema y tomar acción hazte las siguientes preguntas:

  • Si la persona que tienes al lado es con quien quieres compartir el resto de tu vida.
  • Si el trabajo que realizas durante 8 horas o más todos los días te llena o al menos te gusta.
  • Si te encuentras a gusto contigo misma, con tu estado físico y emocional.
  • Si te sientes alineado con tus valores y actúas en consonancia con ellos.
  • Si las decisiones que tomas a lo largo del día son las que tú realmente quieres tomar.

Estas preguntas te darán la clave para saber por dónde tienes que empezar a trabajar para empezar tu propio camino.

Es hora de que abras los ojos y salgas de tu zona de confort. Verás como superado el miedo inicial se abrirá un mundo nuevo ante tí donde nada es imposible.

Fuente https://caminoinverso.com/15-senales-estas-camino-equivocado/

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