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Seguramente no es primera vez que le plantean a Usted esta pregunta..
 
¿Cuáles son las respuestas que da el empresario típico?.
 
 “¡Pero, por supuesto, que no se puede!”
“¡Información es poder! ¡La información es uno de nuestros activos más valiosos!

 

Pero, seamos honestos. Si la información es tan valiosa como decimos, ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en ella? Y no solo hablo de dinero.
¿Cuánto de su valioso tiempo de estratega está Usted invirtiendo en crear y mantener una base de información estratégica, tanto para su uso personal como para el de su empresa?. En fin, dejémoslo así. Creo yo que, como en muchas cosas, la prueba de ácido de la importancia que damos a las cosas, es qué tanto estamos dispuestos a invertir en ellas.


 
Pero mi punto en esta carta es otro. Debo de admitir que algunos empresarios que conozco han hecho esfuerzos honestos (y en ocasiones, costosos) por desarrollar una base de información estratégica, con resultados que no han justificado la inversión que han hecho en ella. Y no necesariamente por su culpa.

Creo que mucho del problema está en qué es lo que entendemos por información, y si realmente obtenemos el nivel de valor agregado en la información que requerimos, para que sea útil para este propósito de definir una estrategia. Y no es (o al menos no siempre es) cuestión de sistemas computarizados de alto costo. Es perfectamente posible tener información valiosa aún al nivel de pequeña empresa, sin gran presupuesto.
 
Vamos a revisar la cadena de valor agregado de la información. En el nivel más bajo, pero con mayor número de piezas están los datos. Estos están desorganizados, sin orden, sin manera fácil de conocer su contenido. Como en un archivo desordenado, una pila de libros sin clasificar o en el resultado de navegar por Internet sin una “máquina de búsqueda “.

El valor de los datos es que están ahí, disponibles, pero su utilidad es muy escasa. Un siguiente nivel en la cadena de valor es la información, por regla general menor en cantidad que los meros datos, pero de mayor valor.

Esta consiste de datos organizados, clasificados de una manera relevante para el usuario. Como una biblioteca, un archivo con una clasificación adecuada, o como el resultado de una búsqueda en Internet usando una herramienta adecuada para ese propósito. Su valor ya no es solo disponibilidad, sino además su organización y la facilidad de ubicar aquello que requerimos.
 
De ahí sigue el conocimiento. Este consiste de información analizada, interpretada y accesible en un formato lógico y ordenado, que permite un uso mucho más productivo de esos materiales. Por supuesto el conocimiento es mucho más valioso que la mera información, pero es también mucho más difícil de encontrar en la forma que uno requiere, y por lo tanto, mucho más escaso. Ya se necesita, muchas veces una labor personal de reflexión y análisis, o un equipo humano que haga esa labor. Y cuesta.

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El siguiente nivel es el de inteligencia, específicamente inteligencia de negocios o inteligencia competitiva, para el caso del estratega. Esta ya es mucho más valiosa y, por supuesto, mucho más escasa. Una pieza de inteligencia tiene varias características.

  •  Está validada. Procede de fuentes confiables y ha sido verificada
  •  Es oportuna. Para ello está fechada y se sabe con certeza que aún es actual
  •  No contiene únicamente análisis. Tiene una labor de síntesis, en el sentido de separar lo esencial de lo accesorio, da prioridad a los asuntos por orden de su relevancia al tema que cubre y, lo más importante, llega a conclusiones.
  • En muchos casos, incluye proyecciones o escenarios, es decir, discute las consecuencias de las conclusiones a las que llega. 
     

Es claro que muy pocas piezas de información cubren este nivel de valor agregado, y que es bastante difícil encontrar en el mercado la información elaborada del modo que se ha descrito.
 
El nivel de valor agregado más alto, por supuesto, es el de la sabiduría. Esta ya no está muy disponible para su venta (aunque hay consultores y gurús que quieren convencernos de lo contrario).

La sabiduría se da en la mente del estratega, y es la capacidad de entender los conceptos subyacentes en los distintos niveles de información que posee o a los que tiene acceso y darles aplicación en campos diferentes a aquellos en los que la inteligencia o el conocimiento se generaron.
 
Es claro que no todos los niveles de información son igualmente útiles. Hoy en día, gracias al Internet, las computadoras y otros instrumentos, las empresas están literalmente ahogándose en información y, en muchos casos, en datos. Tal vez nunca en la historia de los negocios hubo tanta información disponible, y se le sacó tan poco provecho en proporción a su abundancia. Es un problema severo, y tiende a ser cada vez más grave.
 

Por: Antonio Maza Pereda

Publicado en Revista PYME
Número 090428. Abril- 2009.

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