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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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Cada año, al ingresar al aula en ocasión del comienzo del dictado de las clases de Administración o de Dirección de la Pequeña y Mediana Empresa en la Universidad, es habitual encontrarme con un grupo de alumnos entre tímidos y expectantes que están ávidos de recibir un cúmulo de conocimientos y herramientas para poder resolver la inmensa y compleja cantidad de problemas que día a día los aquejan y para los cuales sienten que no tienen la formación o capacitación necesaria.

 

Suelen venir a buscar “la” solución o, en muchos casos, “la receta mágica” que les permita poder casi con un procedimiento del tipo “plug and play” solucionar las dificultades de cada día para poder así continuar con su trabajo.

 

“Venimos a estudiar las herramientas, los procesos, los modelos que nos permitan controlar, administrar o dirigir las operaciones de la empresa” suelen decirme cuando les consulto el motivo por el cuál eligieron estudiar Administración con orientación en Pequeña y Mediana Empresa. “Queremos que nos enseñe a solucionar los problemas. Queremos aprender a saber qué hacer cuando se nos presentan ciertas situaciones y nos explotan en las manos”. “Queremos que nos explique porqué lo que leemos en los libros que escriben los grandes gurúes de la administración y de los negocios parece que no fuera de aplicación en nuestros trabajos”, suelen ser otros de los motivos aducidos.

 

Me recuerdo cada año en ese preciso momento, a mi mismo a su edad con los mismos interrogantes, dudas, carente de elementos y absolutamente impotente para comprender la compleja  racionalidad de funcionamiento de la Pyme (Pequeña y Mediana Empresa) en mi caso familiar en la que “nací” y di mis primeros pasos profesionales.

 

Se relajan un poco y se sienten más representados cuando les comento que soy segunda generación de una mediana empresa familiar (en realidad, comienzan a confiar que los sabré entender cabalmente) y que la necesidad de ellos fue la mía propia al grado que mi tesis doctoral se basó precisamente en la problemática de la pequeña y mediana empresa para incorporar las modernas tecnologías o herramientas de gestión.

 

Sonríen, entre tímida y nerviosamente, cuando les comento que mi propia necesidad de comprender porqué nos cuesta tanto poder resolver la catarata de problemas que parecen “llovernos” permanentemente, comenzó desde muy pequeño cuando caminaba de la mano de mi padre por el “taller” o por la “fabrica” (nunca entenderé bien el porqué no se refería a ella como “la empresa”) mientras me hablaba y me contaba sus sueños de lo que sucedería el día de mañana cuanto estuviera en condiciones de trabajar con él y cómo a partir de ese momento, comencé a estudiar y a capacitarme para ese día.

 

Por supuesto que el ansiado momento llegó y con mi título universitario a cuestas considere tener el respaldo y el “derecho” como para poder aportar todo lo que había aprendido en mis años de universidad pero, la realidad no fue tan rosa como me la había imaginado.

 

Por un lado, la voz de mi padre diciéndome “esa forma de trabajar no es para nosotros, sino para empresas grandes. Nosotros no podemos invertir ni tenemos esos recursos, es mas… no podemos perder tiempo con esas cosas, tenemos demasiado problemas que resolver para eso”. Por el otro, mis propios ex compañeros universitarios, me intentaban calmar diciéndome “no te hagas problemas, no vas a poder aplicar esas herramientas de gestión en las empresas pequeñas o medianas porque no fueron concebidas para ellas”, o “no vas a cambiar la manera de pensar de tu padre, es una batalla perdida antes de empezar”.

 

Claro, ellos hablaban de una empresa mediana y de un empresario, mientras que yo lo hacia de mi propia empresa y casi de mi propio proyecto de vida, por lo cual me fue imposible aceptar mansamente esa postura.

 

Por eso, lo primero que siempre intento transmitir es que no existe tal “receta mágica” y que enfocar la problemática de la pequeña y mediana empresa a partir de intentar encontrar una herramienta, un proceso o una técnica que nos permita solucionar los inconvenientes del día a día es precisamente la raíz de la misma, aunque parezca un contrasentido.

 

La herramienta, sea ésta un modelo de planeamiento, de control, de organización determinado o  un sistema de información, es un medio para actuar, para que a través suyo podamos modificar y controlar el medio en que el trabajamos. Pero, del mismo modo que sabemos que para clavar un clavo no necesitamos un destornillador sino un martillo, exactamente del mismo modo, es menester antes de elegir la herramienta adecuada, conocer perfectamente qué necesitamos hacer y fundamentalmente el porqué y el para qué y es ahí donde, a mi entender, se suele fallar en la mayoría de los casos.

 

Las Casas de Estudio, nos preparan para manejarnos dentro de un ambiente organizacional determinado y nos brindan los elementos y técnicas para movernos dentro de él y nosotros como profesionales nos sentimos “cómodos y protegidos” dentro de ese contexto por lo tanto lo que intentamos hacer, de manera consciente o no, es llevar siempre la realidad de las empresas hacia nuestro paradigma o modelo mental. Usualmente la realidad de la pequeña y mediana empresa no se ve reflejada en nuestra “lista de buenas prácticas profesionales” y cuando intentamos implementar el modelo académico, obviamente, se resiste para mantener su identidad, casi como si fuera una pelea de la que depende su propia supervivencia.

 

Ante esta realidad, y ante los sucesivos fracasos de llevar la realidad pyme a nuestra realidad profesional, solemos auto consolarnos y para sentirnos menos responsables utilizamos, a mi entender, la excusa de la existencia de una cultura organizacional que se resiste casi irracionalmente al cambio comprometiendo su propia existencia.

 

Resistencia al cambio?  Si, es cierto pero de quién o mejor dicho, de quiénes?  Si intentamos caracterizar la resistencia al cambio como aquella conducta que rechaza, impide y es incapaz de poder asimilar una realidad distinta a la que esta acostumbrada, debería concluir que nuestra formación profesional es ,al menos, tan resistente o reacia como la cultura de la empresa a la que fracasamos en modificar.

 

Muchas veces, suelo hacer una comparación de nuestra actitud profesional cuando se da esta situación con la actitud que suelen tener los niños cuando intentan jugar al principio con sus juegos de encastre. Uds. se detuvieron a mirar a los niños en ese momento?.

 

Suelen tomar en su mano, por ejemplo, un cubo y en lugar de ubicarlo en el espacio representado por el cuadrado en la superficie lo intentan colocar en el lugar de la esfera. Claro, es imposible que un cubo entre en el lugar de la esfera, verdad? Qué es entonces lo que hace el niño?. Intenta una vez.. y como no puede hacerlo, la segunda vez, lo realiza con mayor fuerza… pero… nada sucede entonces.. la tercera vez, ya impaciente intenta forzar por cualquier medio para que nuestro cubo se “convierta” mágicamente en una esfera y ante la lógica imposibilidad… tira el cubo a un lado y se consuela diciendo o pensando que el juego “esta fallado o roto”

 

Esta conducta, aceptada como casi habitual en los niños, no se diferencia mucho de nuestra actitud profesional que ante las reiteradas imposibilidades de llevar la realidad pyme al ambiente organizacional que plantean nuestros manuales de administración, hace que las marginemos y nos autoconvenzamos que no es posible aplicar en ellas las modernas herramientas de gestión , por ejemplo, planeamiento estratégico, un sistema de información, una organización por procesos, constituir verdaderos equipos de trabajo, etc.

 

 

Considero que el principal aporte que podemos darle a la gestión de la pequeña y mediana empresa es precisamente formar profesionales capaces de romper con el paradigma que nos lleva a trasladar sin cuestionar las modernas técnicas de gestión a las pyme. Un gran maestro del Análisis Organizacional, Carlos Srebrow, una vez me dijo en una de sus charlas “nunca intentes aplicar mañana en la empresa lo que hoy estamos aprendiendo en el taller”. Tremenda razón tiene (mas allá de los años transcurridos, la vigencia de esta guía se acrecienta) porque cada herramienta de gestión, cada modelo que se implementa debe responder no sólo a una necesidad concreta de la empresa sino que además debe estar acorde a la madurez y nivel de formación de los recursos humanos. Aspecto éste, que lamentablemente solemos no evaluar ni incluir en nuestros análisis previos porque tendemos a considerar que las personas harán de manera natural y espontánea todo lo que necesitamos aunque no les brindemos mayores explicaciones ni algo más que una simple charla técnica de un par de horas.

 

Cuando profesionalmente estemos en condiciones de entender la realidad de la pequeña y mediana empresa y de evaluar e incluir en nuestros análisis a  todas las fuerzas que operan en la misma nos daremos cuenta que, hasta ahora, sólo estuvimos siendo preparados para trabajar sobre la superficie del iceberg organizacional que asoma sobre el agua y que como sabemos, en proporción es mínimo respecto del volumen total del mismo. Nos capacitamos para trabajar en la estructura visible, la formal, pero no estamos en condiciones de “ver” el aspecto no formal que le da vida y la mantiene.

 

La consecuencia de esta actitud, muchas veces, es que vivimos intentando solucionar los problemas, “apagar incendios” como solemos decir en la jerga del día a día porque únicamente solemos reconocer y “atacar” los efectos pero nunca solucionamos las causas y por lo tanto no estamos en condiciones de poder brindarle a la empresa una solución integral a su problemática.

 

Es el momento en que aparecen o suelen aparecer los que habitualmente llamamos “dolores de crecimiento”. Aquellos que, si los planteamos de una manera simplista, los asemejamos a problemas cuando en realidad constituyen una brecha de desarrollo entre las posibilidades reales de la empresa en un momento dado y el modelo de gestión que demanda un mercado donde el cliente no está dispuesto a pagar un solo peso mas que no este fundamentado en el valor que nuestro producto le brinda.

 

Algunos de estos dolores a los que me refiero suelen manifestarse cuando:

 

§   La gente no comprende cuál es su trabajo o lo que se espera de ellos en términos de su aporte a los objetivos y metas de la empresa.

§   La empresa esta más orientada a las ventas que a la generación de valor y beneficios.

§   La gente pasa la mayor parte de su tiempo solucionando problemas de corto plazo como consecuencia de la inexistencia de planes a mediano y largo plazo

§   La empresa normalmente no cuenta con uenos gerentes (aunque en realidad deberíamos pensar si cuenta con “gerentes” o solamente con colaboradores que llevan ese cargo como una demostración de gratitud del empresario para aquellas personas que lo apoyaron cuando recién comenzaba su actividad.

§   No existe un plan integral de gestión y cuando se confecciona no se utiliza (se realiza para terceros, muchas veces por exigencias bancarias)

§   Los empleados sienten que la empresa no tiene metas a largo plazo y por lo tanto ven al empresario como un individuo impulsivo y sin objetivos claros.

§   La voluntad  y el mayor esfuerzo es el camino para solucionar los problemas de la empresa

§   Se resuelven solamente los problemas, porque no hay tiempo para resolver los temas importantes y de fondo ya que se suele estar demasiado “ocupados” para eso.

 

 

Evidentemente son situaciones que si queremos realmente solucionarlas requieren de una visión y un abordaje totalmente diferente al que se suele aplicar hasta ese momento. Como bien dijo Albert Einstein, “No podemos pretender cambiar el mundo con las mismas herramientas que hemos usado para generarlo en su forma presente”. En este caso, no podemos seguir forzando un modelo que nos ha llevado una situación en la cual, no estamos en condiciones de dar las respuestas que el mercado nos demanda.

 

Este es el momento en el que, el pequeño o mediano empresario debe tomar una decisión crítica porque de ella depende en muchos casos que la empresa sobreviva o no (y para lo cual nuestra participación y asesoría es  crucial). Debe comprender que el modo de pensar que le permitió llegar al éxito en el pasado o al menos que le hizo posible llegar a la posición en la cual se encuentra hoy en día, no lo llevará al éxito en el futuro y que para ello lo primero que debe cambiar es su manera de pensar, su modelo mental de la empresa y de cómo encarar el negocio.

 

Para hacer las cosas de manera diferente… hay que verlas de manera diferente” como excelentemente planteó Paul Allaire.  Solamente estaremos en condiciones de ayudar al empresario para que pueda ver las cosas de manera diferente cuando nosotros mismos cambiemos nuestro ángulo de visión  y tengamos una comprensión integral de lo que sucede dentro de una pequeña y mediana empresa.

 

Recién en ese momento, cuando comprendamos la totalidad de la fuerzas que se mueven “sobre y bajo la superficie” de la pequeña y mediana empresa, estaremos en la real condición de aprender y aprehender las necesidades que ella tiene y podremos entonces si, desarrollar, administrar e implementar las mejores herramientas para darles satisfacción. Pero ya no será algo impuesto ni forzado, sino será absolutamente comprendido y aceptado por todos y será visto realmente como una solución.

 

Un pequeño o mediano empresario sabe y tiene pleno conocimiento de la importancia que puede tener la incorporación de una determinada maquinaria a su planta si quiere mantener la competitividad de su empresa, verdad ?. Notaron en esa condición o circunstancia, alguna resistencia a invertir en la incorporación de la misma ?  Vieron muchas maquinas nuevas en los talleres tapadas con fundas y dejadas a un lado porque no se logró ponerlas en marcha o porque no se obtuvieron los rindes esperados?. Yo creo que no y me pregunto entonces, porque no sucede lo mismo con un modelo de gestión?.

 

Quizás sea porque no hemos logrado, profesionalmente, hacerle ver y tener el convencimiento y la certeza de que tanto un bien de capital como una herramienta de gestión son fuentes de ventajas competitivas para aquél que las valora como tal y que invierte en ellas cada día.

 

Quizás porque hasta ahora no hemos podido construir, incluso, el puente para ayudarlo a dar el próximo paso en su desarrollo y que le permita sentir y comprender que su problema no es técnico y que por lo tanto no existe una herramienta o técnica que le pueda resolver mágicamente los problemas de su empresa. Por el contrario, mágico seria que aplicando más de las mismas técnicas, obtuviera distintos resultados.

 

Autor: Juan Carlos Valda

 

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Lectura relacionada  Pyme: Cómo se genera la estrategia a partir de la decisión del empresario?

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Comentarios (0)

  1. Marina Santucci dice:

    Muy interesante, refleja clararamente un problema diario al asesorar pymes, sobre todo en este contexto de crisis. Qué acciones sugiere para ayudar a salir clientes de las crisis? Tengo algún caso en el que se han efectuado varias recomendaciones teniendo mucho cuidado en cuanto a que sean acciones factibles de realizar por la empresa, y el cliente no solo no implementó sino que además está dejando caer el negocio. Gracias por su ayuda.

  2. jcvalda dice:

    Estimada Marina:

    Primero que nada agradezco mucho tu comentario. Para las personas que nos gusta compartir lo que pensamos, tener un feedback (mas allá de la coincidencia o no) es realmente muy valioso.

    Realmente no es fácil contestar tu pregunta ya que considero que cada empresa (y mucho más cada pyme) es un mundo y si bien hay un marco dentro del cual podemos manejarnos con cierta “lógica”, nada garantiza que lo que funciona en una lo haga en otra organización.
    Puedo decirte que mi experiencia me marca que el empresario pyme es una persona de naturaleza pragmática, lo cual lo hace ser extremadamente cauto a la hora de implementar los cambios. El pensamiento “si una vez funcionó, porque no lo haría ahora nuevamente?” es demasiado habitual en estas circunstancias, por lo tanto mis vivencias me dicen que hay solo una palabra que funciona como llave para poder lograr resultados: confianza.
    El empresario tiene en sus manos el fruto de años de esfuerzo, lucha y sacrificios y le cuesta muchísimo compartirlo. Considero que para poder lograr esa apertura, debemos utilizar el método de los pequeños pasos en todo momento.
    Es decir, buscar objetivos y metas simples pero concretas. No intentar mostrar un modelo de cambio estratégico si no podemos demostrarle al empresario, por ej. que podemos ser eficaces en bajar los costos o los gastos. Cuando pueda ver que somos capaces de respaldar nuestros dichos con resultados concretos y tangibles, comenzaremos a notar que cada vez seremos consultados sobre temas mas importantes y profundos, pero solamente a partir de la capacidad de confianza que podamos generar.
    Es común que el empresario de la pequeña y mediana empresa haya pasado por muchas circunstancias en las cuales les prometieron “el oro y el moro” y lo único que le quedó fue un gasto sin posibilidades de recupero. Comprendamos esa situación y trabajemos junto a él en equipo y veras que los resultados serán posibles.
    Juan Carlos

  3. pablo sela dice:

    Coincido plenamente con tu artículo, y en general con el enfoque que le imprimes a tus papers y notas. Solamente me permito repreguntar, a la cuestión que tu planteas (Yo creo que no y me pregunto entonces, porque no sucede lo mismo con un modelo de gestión?), ¿no será que precisamente por la falsa pretensión como profesionales de la gestión de “tener respuestas para todo”, no hemos desarrollado la humildad suficiente como para aprender de la sabiduría de gente como tu padre?? Abrazos!!!!

    • jcvalda dice:

      Estimado Pablo:

      Por supuesto que en muchos momentos, cometemos el peor de los pecados: creer que por tener un título estamos más y mejores capacitados que los que “hacen” para dirigir o tomar decisiones. Como si comprar un cinturon negro de karate en una casa de deportes nos hiciera mejores que aquellos practicantes que han vuelto negros sus cintos de tanto ejercitarse.
      Hace mucho tiempo, alguien (en el libro Sabiduría de Ptah Hotep) dijo algo que me quedó grabado a fuego: “No estes tan seguro de tí por hecho de creerte Sabio. Aconsejate tanto con el sabio como con el ignorante”. Y si bien el empresario pyme no es en absoluto ignorante tendemos a no escucharlo. Creemos que “nosotros” tenemos el poder y el saber !!. Si en lugar de querer “enseñarles” nos dedicaramos a construir puentes y equipos con el empresario cuántos mejores resultados obtendriamos, verdad?
      Cuánto mas confiables seríamos para el emprendedor y cuánto tiempo, esfuerzo y peleas vanas le ahorrariamos a la empresa y a la gente.!!!!
      Hace unos dias en una conferencia que se llamó “Porqué si somos profesionales nos cuesta tanto administrar una Pyme?” precisamente hacia hincapié en ese tema.
      Si no somos capaces de ser humildes como profesionales, nunca estaremos en condiciones de generar confianza en nosotros mismos por parte del empresario de la pequeña y mediana empresa.
      Juan Carlos

  4. pablo sela dice:

    Tal cual… Comparto plenamente… Y agrego a esto que vos decís, dos ideas: una, se relaciona con la necesidad de encontrar un rol y una distancia óptima para trabajar con otros colaborando en la búsqueda de… ¿soluciones?… ¿respuestas?… Y la otra, intimante ligada, se relaciona con el aprendizaje mutuo. Esto por supuesto no significa que uno no disponga de herramientas y recursos técnicos, pero esto no debe implicar descuidar su carácter de meros intrumentos. En fin, da para mucho… En definitiva, un alegrón encontrar gente que piense y escriba como lo haces vos. Saludos y felicitaciones!!!

    • jcvalda dice:

      La alegria es tenerte a vos integrado al grupo, Estimado Pablo !
      Creo que hay muchos Pablos leyendonos que cuando se “suelten”.. .lograran que esta posada en el viaje para poder lograr que las Pymes dejen de ser “el patito feo” de la Economia sea exitoso!!!!
      Sigamos trabajando.. sigamos sumando ideas, voluntades y fundamentalmente aunando criterios y construyendo puentes y les aseguro que lo que encontraremos habra valido el esfuerzo
      Juan Carlos

  5. “Como si comprar un cinturón negro de karate en una casa de deportes nos hiciera mejores que aquellos practicantes que han vuelto negros sus cintos de tanto ejercitarse.” Me encanta esta frase. Hace unos años escuché una entrevista al gran periodista deportivo español José María García. En ella le preguntaban que es lo que hace para ser el mejor y el contestó algo así como hacer más entrevistas que nadie y aprender de todas ellas.

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