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En su libro “Todo lo que tenia que sabe lo aprendí en el jardín de infantes” Robert Fulghum cuenta una historia en al que Benjamin Franklin participa del despegue del primer globo aerostático en Francia. Como es de suponer. La nave más pesada que el aire se elevó unos cuantos metros y cayó a tierra. En la escena, uno de los presentes se acerca a Franklin y le pregunta, no sin soma, para que sirve hacer cosas de ese tipo, Franklin le contesta elípticamente: – “dígame Ud. señor ¿para que sirve un niño recién nacido? 

Verdadera o no la historia tiene valor de todos modos. Toda creación depende de un proceso que alguien tiene que sostener. Mientras es fácil sostener algo que ya funciona, los emprendedores rediferencian por ser especialistas en dar sostén a niños recién nacidos y por ser capaces de llevarlos sanos y fuertes hacia su madurez. 

La mirada creativa del emprendedor puede ser confundida con la locura y el delirio. Pero, en verdad,  el emprendedor posee una mirada más esperanzada que el resto. 

La diferencia entre el delirio, la ilusión y la esperanza son los grados de aceptación de los costos asociados que siempre están implicados en una visión. De hecho, para el delirante cualquier costo es posible mientras que para el iluso no existan. Solo el esperanzado los acepta y sigue adelante. 

Muchas veces la capacidad de sostén y la tolerancia de la tensión, son definitorias en un proceso creativo o innovador. ¿Qué se imaginan que habrá sentido Cristóbal Colón cuando cada mañana sus cálculos no se cumplían, la tripulación se inquietaba, las provisiones se acaban, el miedo aumentaba y no alcanzaban las ansiadas indias?

 ¿Qué hubiera sucedido si en lugar de tener la valentía de sostener su visión hubiera abandonado la empresa unos días antes? 

Piensen que, de hecho, sus cálculos nos e cumplieron y sin embargo encontró un nuevo continente mas allá o más acá donde debía estar el que buscaba. 

¿Cuántas veces fue mas importante estar sosteniendo el camino que tener clara la meta? … ¿Saben, por ejemplo, que un error abrió el acceso al descubrimiento de la penicilina?… ¿Imaginan cuales serian nuestras condiciones de vida sin su ayuda? 

En ambos casos (y los hay por millares) alguien estaba allí para recibir el mensaje en el momento oportuno porque se había ocupado de sostener el camino… Luego, ¡un gran éxito!… ¿Quién recuerda la incertidumbre del día anterior? …¿quién el de la hora anterior? Tal vez ni siquiera lo recuerde del todo quien realmente lo vivió. 

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El precio de la creación es la incertidumbre. El precio del entrepreneurismo es la creatividad. Podemos no sentirnos cómodos con estas condiciones, sin embargo la realidad nos desafía cada día: ¿es posible crecer en un mundo en constante cambio repitiendo la formula de resolución del pasado?…me parece que no. 

Autor Jorge Hambra

Director de Joh-Psicotecnia Inteligencia en desarrollo de recursos humanos. Mañana profesional. Año XV Nº 82, Junio/Julio 2003

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