Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
Home » Toma de Decisiones » Federico Fros Campelo: “Comprender nuestras emociones nos lleva a tomar mejores decisiones”

Federico Fros Campelo: “Comprender nuestras emociones nos lleva a tomar mejores decisiones”

La faceta emocional está siempre por encima o en paralelo a la razón, asegura el investigador experto en neurociencias. Conocerla, dice, permite resolver conflictos y ser más productivo.

El celebro está de moda. Sucede que los descubrimientos de las neurociencias se multiplican en el mundo y dejan al desnudo la forma en la que hombres y mujeres piensan, se comunican, actúan y se vinculan. En este campo, uno de los exponentes más destacados es Federico Fros Campelo, ingeniero industrial de estudios e investigador independientes en temas de Psicología Evolutiva, Cognitiva y la llamada Neurociencia Afectiva. Su trabajo se expandió a través de su libro “Ciencia de las Emociones, Los Secretos del Cerebro y sus Sentimientos”, así como en blog homosentiens.com.ar y sus columnas de radio.

En diálogo con Multitaskers, el autor advierte que conocer y comprender la forma en la que sentimos y pensamos puede ser un antes y un después en la forma en la que tomamos decisiones.

Trabajo y sentimientos parecen ser dos mundos contradictorios. Cómo ingeniero industrial: ¿las emociones tienen su propio proceso de “producción” o son siempre incontrolables?

Sospecho que precisamente fue por culpa del paradigma posterior a la segunda revolución industrial que a lo largo del último siglo y pico los seres humanos hicimos del trabajo y de las emociones dos mundos disjuntos. Pero nuestra conducta en el trabajo no está exenta de los procesos cerebrales que participan de nuestras decisiones en cualquier otro ámbito.

Una de las aristas de mi visión de ingeniero es comprender a las emociones como resultado de un complejo conjunto de procesos y sistemas que hacen a la operación de nuestro cerebro. Las emociones no tienen la lógica de los procesos racionales, sino que tienen su propia lógica. Componiendo un neologismo, me gusta llamar a esta última: emógica. Las emociones funcionan siempre en paralelo a la razón que se nos exige en un trabajo, pero nunca por debajo.

¿Qué mitos encontrar respecto de esto?

Otra de las aristas de mi trabajo es derribar mitos. Y algunos de los mitos que más difícil me resulta vencer en el mundo de las organizaciones son: “Las emociones son cosa de mujeres”, “Las emociones son cosas de chicos” o “Las emociones y la razón se oponen”. Con toda la contundencia de las investigaciones más recientes sobre el cerebro, es necesario que entendamos que las emociones son el resultado de unidades de procesamiento que llevamos en las neuronas. Esas unidades, o ‘programas’, funcionan en conjunto con los programas que nos permiten razonar (el lenguaje, la memoria semántica, los procesos cognitivos) y también junto con los programas más profundos que regulan nuestro cuerpo (latido cardíaco, respiración y demás).

Lectura relacionada  Desintegra​r los problemas

Nunca tomamos decisiones sin procesos emocionales. Ni siquiera la decisión que más puramente racional te parezca. Los programas que detonan nuestras motivaciones y sentimientos operan por debajo del nivel de nuestra consciencia, y están transversalmente presentes en todos los hombres y mujeres del planeta. Comprender cuáles son esos programas nos permite tener más de la mitad de la carrera ganada a la hora de gestionar, tomar decisiones, resolver conflictos y conducirnos mejor a escala social.

¿Qué pasa cuando el trabajo se hace con amor? ¿Hay una relación con la productividad o el buen clima laboral?

Para el cerebro no existe un único tipo de amor, por más que en nuestra jerga cotidiana utilicemos la palabra como un comodín. Distintos procesos cerebrales (que involucran estructuras de neuronas particulares y neurotransmisores propios) son responsables de las experiencias afectivas: ciertos circuitos se encienden a la hora de sentir amor por una pareja, de carácter sexual; mientras que otros circuitos hacen a nuestro instinto de cuidado parental. Por su parte, la pasión por el trabajo enciende fundamentalmente sistemas cerebrales de Recompensa, de Autosuficiencia y de Comparación social.

Un buen clima laboral puede, al igual que el término ‘amor’ comprenderse a través de cuáles son las respuestas internas de nuestro cerebro a los estímulos. Cuando el cerebro interpreta amenazas su performance es muy inferior a cuando interpreta un escenario donde cumplir objetivos. Construir un ecosistema laboral positivo literalmente promueve resultados; las evidencias científicas lo avalan.

En el mismo sentido, qué comentarios te merece la clásica frase “No es personal, son negocios” ¿Es posible escapar de la afectividad?

Cuando decimos que alguien es ‘frío y calculador’ no estamos implicando que no tiene sentimientos, sino que con su personalidad logra administrar sus programas internos inhibiendo ciertas respuestas expresivas. Lo sepa esa persona o no.

Dicho esto, vale la pena que saque ahora a la luz de dónde vienen esos recursos de nuestro cerebro, sean cognitivos, emocionales, de memoria o atención. Son cortesía de la evolución. Tras millones de años de organismos interactuando con el medioambiente, se conformaron unidades de procesamiento que nos permiten saltar como un resorte y estresarnos si escuchamos un ruido en el pasto detrás nuestro: puede ser un predador, y más vale que no pensemos mucho y corramos por la vida. De la misma manera, tras millones de años de organismos interactuando con otros organismos de su misma especie (por mantenernos en manadas) nuestro cerebro se conformó con herramientas sociales: reconocer intuitivamente los gestos y las intenciones de los demás (las neuronas espejo participan en esto), sentirnos afligidos al quedar aislados de la manada, etcétera.

Lectura relacionada  La soledad del directivo de la pyme ante la toma de decisiones
¿Y qué sucede hoy?

La puesta en escena contemporánea que los humanos de hoy conseguimos dista mucho de parecerse a la sabana africana, donde sucedió la última y más reciente etapa de evolución de nuestro cerebro. De hace 40 mil años hasta ahora, puede parecernos que cambió todo pero no es así. Habrá cambiado la ciencia, la medicina, la ropa que vestimos… pero lo que no cambió fue nuestro cuerpo (incluyendo nuestras neuronas). De esa manera, lo que uno espontáneamente querría hacer en ciertas ocasiones proviene de una aparatología con la cual nos despiojábamos mutuamente, nada que ver con formular organigramas de trabajo. Por eso, un ambiente laboral es un escenario artificial en donde nos cuesta muchísimo llevarnos bien: tenemos que convivir con otros ‘primates’ iguales a nosotros, quienes en el entorno natural preferirían sentarse bien lejos y mirando para otro lado.

¿Cómo nos sirve entonces conocer nuestras emociones?

El conocer cómo tomamos decisiones nos revela aquellos pasos de las mismas que nos conviene moderar en la vida moderna. ¿Se justifica responder ese email con bronca, copiando a todo el mundo para descargarse? El impulso de evitar la pérdida de jerarquía en la manada es universal en los seres humanos, pero debemos manejarlo en esta situación que no nos sirve de nada. Cooperar también es universal en los seres humanos, y entonces encender este último programa por encima de la vengatividad es la estrategia más astuta en un entorno laboral (en donde además de cumplir nuestros objetivos, a priori accedimos a cumplir objetivos de una organización que nos trasciende).

En las pymes, los dueños tienen una relación casi afectiva con su empresa: ¿Qué favorece y qué perjudica que esto sea así?

La relación afectiva proviene de esa Autosuficiencia. Todos los seres humanos buscamos la autonomía, influir en los demás y lograr un impacto en el ambiente. Esa búsqueda de Autosuficiencia nos provoca experiencias positivas cuando consumamos un resultado, y además cuando podemos compartir ese resultado con nuestros pares (“¡mirá, mamá, el dibujito que hice!”, “miren, colegas, cómo fui galardonado como CEO del año”). De hecho, dicho sea de paso, un logro nunca es tan importante si no tenemos la forma de ser reconocidos por él.

Lectura relacionada  Diez grandes errores que todos cometemos al decidir

Cuando un emprendedor se hace empresario, es porque el fruto de su trabajo, su logro, creció de manera considerable gracias a su esfuerzo. Haber satisfecho su Autosuficiencia de esa manera puede llevarlo a caer en la trampa de no admitir nunca los vaivenes que una empresa tiene una vez que maduró y está expuesta a las incertidumbres del mercado. Un empresario puede sufrir demasiado (interpretar que se le viene el mundo abajo) si su organización no encuentra estabilidad.

Aceptar la incertidumbre es algo fundamental para todas las pymes, y es precisamente lo que construye la resiliencia en los empresarios. Fijate como, nuevamente, se trata de manejar las unidades de procesamiento del cerebro de forma apropiada: poner la administración de la incertidumbre por encima de la avidez por la Autosuficiencia. Si no fuera así, si la ambición por mantener los logros en la máxima eficacia fuera siempre incandescente, empiezan a surgir estrategias equívocas.

Fuente: https://www.amexcorporate.com.ar/multitaskers/entrevistas/federico-fros-campelo-ldquocomprender-nuestras-emociones-nos-lleva-a-tomar-mejores-decisionesrdquo

Si quieres ver más posts de la misma categoría, haz click aqui:


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.