Esteban J. Larreta, en su blog nos plantea este tema de la siguiente manera.

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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Esteban J. Larreta, en su blog nos plantea este tema de la siguiente manera.

Hoy quiero compartir con todos vosotros unas reflexiones; acerca de la “Soledad que a menudo acompaña a los personas que desempeñan puestos de responsabildiad y de dirección.

¿Es real esa “soledad” o tan sólo depende del cristal con el que se mire.?

Os transcribo aquí un artículo que he escrito para el Diario  Económico-Empresarial Nueva Gestión.

“…Los profesionales a los que se les ha encomendado que asuman puestos  de dirección deben afrontar una serie de responsabilidades anexas que los enfrentan a situaciones donde se les requerirá un nivel de exigencia y tensión altísimos. Si bien este tipo de “presión” se puede catalogar como común a todas las personas que ostentan esos cargos de representatividad de la empresa, ¿a qué obedece el distinto comportamiento y forma que esas personas demuestran a la hora de afrontar su cometido laboral?

    Yo creo que esa múltiple respuesta tiene que ver, fundamentalmente, con el enfoque que se le dé a la situación. Es decir, su actividad profesional y personal dependerán en un grado muy importante de la perspectiva vital que se adopte y, sobre todo, de que las personas que han sido elegidas asuman, interioricen y se responsabilicen de su rol como directivo.

    El asunto sobre el que me gustaría reflexionar es que una gran mayoría de esos profesionales que tienen asumida esa condición de liderazgo dentro de su organización suelen reconocer que, en muchas ocasiones y, fundamentalmente en su puesto de trabajo, les acompaña una sensación de absoluta “soledad”.  Sin embargo, yo me pregunto: ¿es realmente solitaria la dirección?

    A menudo el día a día impide a estas personas tomar una consciencia global de todo aquello que ocurre a su alrededor, lo que aumenta la sensación de vacío y descontrol. Si a ese contexto añadimos la importancia de las decisiones que se deben adoptar y, sobre todo, el plazo tan reducido del que disponen estos responsables hace que, en la mayoría de las ocasiones, no tengan tiempo suficiente para reflexionar sobre estas sensaciones tan comunes y tan importantes. Es más, lo habitual es que a la incertidumbre se sume una sensación de vértigo o de vacío que puede llevar al directivo a carecer de la motivación necesaria y, por lo tanto, a la parálisis más absoluta. ¿Y cómo se puede resolver esta situación?

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    En primer habría que comentar que cada persona y cada empresa es un mundo y tienen su propia realidad y su propia idiosincrasia. Dicho esto, no obstante, el Coaching a día de hoy se presenta como una gran oportunidad para el directivo. Sobre todo, se plantea como el mejor medio del que dispone un profesional para obtener un aprendizaje que le conduzca a su pleno desarrollo profesional y personal, lo que hoy día podría traducirse como “éxito”.

    A menudo la tremenda exigencia que llevan aparejados estos puestos, induce al directivo a “culpar” de sus malas sensaciones, de sus expectativas no cumplidas y hasta de la falta de resultados a los demás, a sus colaboradores y entorno más cercano. Ese tipo de reproches es el peor; puesto que impide un desarrollo ulterior al tiempo que “pone una venda” al directivo que, al margen de la crítica, carece de los medios necesarios para tener un análisis realista de la situación así como de las razones que le han impedido alcanzar de forma plena las metas que se le habían encargado.

    Por este motivo, creo muy necesario hacer un trabajo de introspección que nos ayude a valorar si esa sensación de aislamiento o de soledad, a menudo no se ha producido por nuestro propio comportamiento. Al errar en las competencias (escuchar, facilitar la comunicación, promover la formación, mostrarse ineficientes o desconfiados a la hora de delegar,…) lo más habitual es que desarollemos comportamientos que podemos valorar como los más congruentes; ya que refuerzan nuestro propio auto-convencimiento De ahí, surge el auto-engaño o la autocomplacencia como medios que nos permitan dotarnos de los argumentos necesarios que corroboren y se alineen con nuestras sensaciones… Ahora bien, de lo que no nos percatamos es que, con esa actuación, nos introducimos en una senda caracterizda por el inmovilismo o, si se me permite el símil, efectuamos un enroque ajedrecístico. Ésa es una alternativa. La otra, es aprender y crecer.

    De ahí que creo fundamental dedicar o dedicarse unos periodos de reflexión; de trabajo acompañado; que nos permitan dar un paso atrás para ver con otra perspectiva la situación en la que nos hayamos inmersos. Ahí, el Coaching es un gran facilitador. Para terminar me gustaría dejar una pregunta en el aire; si somos capaces de tomar consciencia plena y objetiva de esta situación…, ¿dejaremos de sentir ese vértigo esa sensación de soledad?…”

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http://blog.larretacoach.eu/2010/06/%c2%bfes-solitaria-la-direccion-empresarial/

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