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Kaizen: la regla del minuto o el método japonés para combatir la pereza

“Esta tarde me pongo”
“Mañana sin falta le llamo”
“El mes que viene comienzo”
“Este año nuevo arranco”

Añade tú lo que quieras, tu casuística personal: ¿dieta para perder peso?, ¿hacer deporte?, ¿dejar de fumar?, ¿ir al gimnasio?, ¿salir en bicicleta?, ¿caminar?, ¿leer ese o esos libros?, ¿meditar?, ¿apuntarse al curso?, o cualquiera otra de tantas cosas que aún tienes pendientes. Todas esas cosas que quieres hacer, pero que, por alguna extraña razón, al final no haces.

Todos tenemos una lista de cosas o deseos que deberíamos hacer pero que, a la hora de la verdad, cuando llega el momento, (cuando se abre la puerta del avión y miramos hacia abajo) pues eso, decidimos que ahora no es el momento adecuado, que mejor más tarde, o mañana, puede que la semana que viene, tal vez después de fiestas…

Es que ahora… no es el momento, o hace frío, no tengo tiempo, tengo que estar tranquilo, primero tengo que organizarme, llueve, hace viento. Cualquier cosa vale. Y claro, luego pasa lo que pasa. Te suena esta música, ¿no?

Así pasan las semanas, los meses y los años. Y con ellos la vida.

Cada vez que reflexiono sobre el hábito de la dilación (dejar para mañana lo que tienes que hacer hoy) recuerdo una conversación con un empresario que me aseguraba “muy seriamente” que tenía tanto de trabajo que no había tenido tiempo de sacarse el carnet de conducir. Y aseguraba que, además, lo necesitaba para su trabajo. ¡Y tenía 42 años!

Ocurre lo mismo que cuando suena el despertador y decides “concederte” 5 minutos más.

Sabes perfectamente que no deberías hacerlo, que te vas a quedar dormido y que después todo irá mal, que pasarás nervios, prisas y agobios. Que habrá que correr para llegar justo o no llegar. ¡Pero se está tan a gustito en la cama!

Si lo sabemos, si ya nos conocemos, si llevamos toda la vida auto engañándonos, ¿por qué volvemos a caer una y otra vez en la dilación? No parece lógico, y la verdad es que no lo es, pero volvemos a picar de nuevo.  Y lo peor es que seguiremos haciéndolo.

Y, ¿sabes? no te pasa a ti solo, también me pasa a mí. Y también le ocurre al resto de la humanidad. Nos ocurre desde siempre y nos seguirá ocurriendo. Pero no te consueles, ya sabes que el mal de muchos es consuelo de…

El problema para combatir la dilación es que conocemos sus efectos, pero ignoramos “la causa”, por qué hacemos lo que hacemos cuando deberíamos hacer otra cosa.

No es que estemos enfermos, o que seamos raros, o que no tengamos las cosas claras, no, nada de eso. Cuando decimos que “mañana lo haré” o que “el mes que viene me apuntaré” lo decimos en serio, de verdad, y realmente creemos que vamos a cumplir nuestro deseo o propósito. Por tanto, no nos estamos engañando ni haciendo trampa. No en ese momento.

Pero también ocurre que mientras nuestra mente racional está calculando y procesando lo que haremos y cómo, por debajo, en otro plano de conciencia, en un nivel sutil y oculto de nuestra inconsciencia se está desarrollando “otra película”.

Así, ocurre que la mente consciente está visualizando “su” película… Sí, ¿no lo sabías?, pensamos en imágenes, podemos “ver” perfectamente cómo haremos aquello que pretendemos. Y, como ver es creer, pues nos lo creemos.

Pero en un plano oculto, sin que apenas lo percibamos, se está proyectando otra película, la película emocional. Y si esa película implica incomodidad, esfuerzo, sufrimiento, o molestia, según sea el caso, entran las dos en conflicto, tenemos un problema, aunque aún no lo sepamos.

Y cuando llega el momento, llegada la hora de la verdad, esa película inconsciente se activa y toma el mando. Nuestro lado racional del cerebro no puede verla, pero el cuerpo sí puede, y también sentir perfectamente la incomodidad, la angustia, o la ansiedad al enfrentarse a esa acción.

Y “se nos pone mal cuerpo”, aunque no sepamos bien por qué.

Es entonces cuando buscamos las excusas para no hacer, para dejarlo para más tarde, solo un poco, o para mañana… Para procrastinar. La verdad es que no tenemos que buscar mucho, tenemos el repertorio de excusas bien a mano. Las hemos repetido tantas veces que hemos acabado por creérnoslas nosotros mismos.

Y repetimos de nuevo el mismo comportamiento: al mismo sentimiento, la misma respuesta. ¿Por qué iba a ser diferente esta vez?, ¿Por qué crees que va a ser diferente mañana?

Se trata de un mecanismo de respuesta automático e inconsciente, un mecanismo de autoprotección cuando nos exponemos a la incomodidad o al sufrimiento. Nuestra mente trata de evitarlo. Lo que no sabe es que al protegernos y cuidarnos nos está causando un mal mayor. El problema es que solo actúa en presente, no es capaz de evaluar ni de ver el futuro.

Enfrentarse a esa acción generará la misma sensación corporal y, en consecuencia, la misma decisión de dilación, sea mas tarde, mañana, o el año que viene. Así es como funcionamos, por eso dilatamos y postergamos, por eso lo volveremos a hacer mañana, por eso lo seguiremos haciendo.

Ocurre que, mientras la mente racional es capaz de visualizar, entender y racionalizar las consecuencias, la inconsciente tan solo ve el malestar inmediato al que se enfrenta. No razona, tan solo actúa sin pensar. No le gusta esa música y la cambia por otra.

La mente racional piensa, pero no actúa. La mente irracional actúa sin pensar, reacciona.

Además, ocurre que la mente inconsciente es mucho más rápida que la consiente y está mucho más conectada con el cuerpo. Antes de procesar la información racional, ya hemos tomado una decisión emocional y la hemos ejecutado. Ya es demasiado tarde. Luego podemos justificarnos o racionalizar nuestra decisión, pero el mal ya está hecho.

Y es que la incomodidad no solo tiene una relación directa con la acción, sino que la tiene muy especialmente con su tamaño, volumen o duración.

A la mente la asustan especialmente las cosas muy grandes. No es lo mismo “comerse un pincho, que comerse un elefante” En el primer caso no percibe amenaza ni incomodidad alguna, más bien lo contrario. En el segundo ¡Buf!, ¡Qué agobio!, mejor me preparo antes.

Y no es que todo esto no se sepa o no se haya estudiado, pero tampoco se ha hecho nada concreto al respecto, ni para difundirlo, ni para corregirlo. Ni en la escuela, ni en la empresa, ni en la vida. Pese a que nos afecte a todos gravemente.

Bueno, no es del todo cierto. Los japoneses -que mira tú por dónde también les pasa, ¡quién lo iba a decir!- tomando consciencia de eso, inventaron una forma de engañar a la mente inconsciente, un truco para vencer la pereza, la dilación. Un truco para comenzar sin demora, sin malestar, y de forma sencilla.

Kaizen – La regla del minuto

La verdad es que es algo sumamente sencillo de entender y de aplicar, algo que tú y yo podemos comenzar ahora mismo, en este preciso instante.

Te pongo un ejemplo de cómo funciona:

Imagina que te digo que cojas ese libro que tienes por leer y comiences a leerlo, que ya es hora de empezar. Tu mente racional probablemente estará de acuerdo, pero “la otra” comenzará a decirte “suavemente al oído” que tienes un montón de cosas urgentes, que en 10 minutos te tienes que ir, que ahora no es un buen momento, que ya vas tarde, y que por unos pocos minutos no vale la pena comenzar, que ya lo harás “en otro momento”, cuando estés tranquilo y te puedas poner.

Creo que ya te sabes esta película. Y el final también ¿no?

Ahora imagina que tan solo tienes que leer 10 o 12 líneas, o que tan solo tienes que leer durante 60 segundos, ¡nada más! ¿Te agobia eso?, ¿lo ves duro o difícil?, ¿vas a contestar que no tienes tiempo? Pues eso, lo vas a hacer y lo vas a hacer ¡ya!

Compruébalo si quieres, coge ahora mismo ese libro que tienes a mano y que se está poniendo amarillo y lee durante 60 segundos. Un minuto, solamente eso.

¿Lo has hecho? ¡Bien, es muy sencillo!

Pues así de sencillo resulta para caminar 60 segundos, hacer una o dos flexiones o abdominales, o comenzar a ordenar una pila de papeles.

Conozco algunas personas que la sola visión de la pila de papeles o de albaranes les marea. En realidad, no son los papeles lo que les marea sino esa película de agobio y ansiedad que su mente está proyectando y su cuerpo percibiendo, pero de la que no son conscientes en absoluto. Eso es lo que les tira para atrás, lo que les hace huir y dejarlo para mañana.

En realidad, con la dilación o procrastinación, lo que hacemos inconsciente y mecánicamente, es cambiar nuestro estado de ánimo, nuestro estado emocional. Pasar de un estado de ansiedad y malestar a otro de tranquilad y bienestar. Una vez hecho, problema resuelto. ¿Resuelto?

Además, lo que la mayoría de la gente ignora es que la pereza apenas dura un segundo. La pereza se dispara mientras nuestra mente se debate entre la obligación de hacer lo que tenemos que hacer y el “mal rollo” que nos da hacerlo, o pasar a la acción y ponernos con la tarea.

En un segundo triunfamos o fracasamos, las consecuencias vendrán después.

Si te fijas, cuando decides “hacer” en lugar de postergar, una vez que empiezas, ya no hay problema, te pones y haces. Es menos dura la acción, que la visión que nos ofrecía la película. Pero eso solo lo sabes cuando ya te has puesto.

Por eso los japoneses decidieron actuar solo un minuto, tiempo más que suficiente para comprobar que “no era para tanto”. Y una vez empiezas ya no va de un minuto, ni de dos ni de cinco, es probable que sigas leyendo, caminando, o haciendo lo que sea bastante tiempo más.

Los japoneses aprendieron que la repetición (todos los días a la misma hora) lleva a la fijación, al hábito. Y que el hábito conlleva a un nuevo comportamiento y éste lleva a la acción. La acción te lleva a conseguir resultados y conseguir resultados te lleva a otro nivel. ¿ves que fácil?

Son las pequeñas acciones las que te llevan a los grandes logros. Se trata de vencer la vocecita que te dice “ahora no”.

La palabra “Kaizen” en japonés se compone originalmente de otras dos palabras “kai” 改 que significa cambio y “zen”善 que significa sabiduría. El autor de este concepto de gestión de calidad es Masaaki Imai, que cree que Kaizen es una verdadera filosofía de vida que puede ser utilizada con éxito en el área de los negocios y en la vida privada. Muchos procesos de control de calidad y de mejora continua empresariales tienen que ver con el Kaizen.

Recuerda que hasta el camino más largo comienza con un sólo paso, pero hay que darlo.

Fuente: https://www.newdeal.es/blog/habitos/kaizen-la-regla-del-minuto/

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