por Pablo Dominguez

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En nuestra experiencia asesorando a empresas familiares, nos hemos encontrado  con una opinión muy marcada al respecto: Los fundadores de empresas familiares tienen la inquietud por saber cómo será gestionado su patrimonio en el futuro.

Se dice que la propiedad es el poder directo e inmediato sobre un objeto o bien, por lo que se atribuye a su titular la capacidad de disponer del mismo, sin más limitaciones que las que imponga la ley, es decir que para el caso de las empresas, el objeto o bien serían las acciones de la misma.

En la empresa familiar las acciones son el patrimonio, pero también los otros bienes que gracias a la misma han sido obtenidos en el tiempo- y si los hijos o la siguiente generación, serán capaces al menos de mantenerlo. Pero además junto con esta inquietud tienen una tendencia a conservar la propiedad de su empresa  todo lo que les sea posible, y a pensar que no existe otra persona sea o no de la familia, que pueda agregarle valor a su patrimonio como ellos y mucho menos mejor que ellos, en todos estos casos el fundador ignora una premisa importante, y es que el paso del tiempo es inevitable.

Justamente con el paso  del tiempo aquella pequeña inquietud sobre el futuro de su patrimonio y cómo este será administrado por sus hijos y nietos;  se convierte en una preocupación constante y en muchos casos en los que no se previó, los resultados posteriores suelen ocasionar rupturas y conflictos dentro de la familia, perdiendo así el sentido de una empresa familiar, que además de generar bienestar busca principalmente mantener la unidad.

En nuestro país las leyes en el caso de herencias en familias, y específicamente para el caso de acciones de una empresa, son muy precisas, y si una empresa familiar quiere mantenerse en el tiempo pasando de generación en generación, debe considerar con anticipación el traspaso de la propiedad, y debe evaluar las distintas alternativas que tiene para ello, evitando siempre los desenlaces inesperados.

Cuando las familias son más grandes y se encuentran en una tercera o cuarta generación, los problemas por la propiedad son diferentes, recientemente en una consulta a una empresa familiar a punto de pasar a tercera generación, se toco un punto que llamó nuestra atención, uno de los miembros de la familia  habló del “el equilibrio de poderes” al referirse al reparto accionarial, eso nos sonó un tanto confuso, en especial porque llevábamos meses elaborando un protocolo familiar cuyo principal objetivo es mantener la unión y la armonía familiar, y en ningún momento mencionamos la palabra “poder”, porque justamente en este tipo de empresas el concepto de propiedad que mencionamos en un inicio debe considerar algunas condiciones especiales, pero estas deben definirse de manera interna, ya que la ley no las tomará en cuenta.

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Entonces además de planificar tan importante transferencia, existe también la obligación de transmitir un concepto de propiedad especial para las empresas familiares, el cual es muy distinto que en una empresa no familiar, en esta última el “dueño” o propietario es aquel poseedor de acciones de una empresa, estas acciones por lo general son parte de una inversión de un grupo de personas que no tienen ningún vinculo entre sí, más que el de hacer una inversión en conjunto. En las empresas familiares “cada generación tiene ante sí la responsabilidad de gestionar el traspaso generacional de la empresa familiar, cada generación recibió en forma pasiva- a veces casi sin esfuerzo y sin merecerlo- un patrimonio económico, una estructura empresarial que genera valor añadido…… Un patrimonio que con el paso de la primera a la segunda generación se fracciona, y que con los sucesivos cambios generacionales se fragmenta aún más. El ciclo vital comienza con la posesión plena por sucesión del patrimonio, y termina con la legación de ese patrimonio a otra generación. En el mismo momento que hablamos de sucesión estamos diciendo, guste o no, que nadie es dueño absoluto e indiscutible de la empresa” (Josep Tapies) Y que el patrimonio se convierte en un Legado Familiar.

Este nuevo concepto de propiedad puede ser para muchos miembros de familias empresarias difícil de entender, pero si el fundador logra en la primera generación transmitirlo a las generaciones venideras, las transferencias del patrimonio serán menos conflictivas, y con mejores resultados futuros.

Autor Pablo Dominguez

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